REFLEXIONES URBANAS
Zamora tiene que echar un órdago a la grande con las cartas de la tecnología
Eugenio-Jesús de Ávila
¿Qué tipo de inversiones privadas y públicas necesita Zamora y su provincia? Esa pregunta la formulé a la generalidad zamorana en pleno estío. No ha mucho tiempo. Intuyo que muchas gentes que vieron su luz primera o viven en nuestra tierra apuestan por una provincia y una ciudad puras, pulcras, limpias; con paisajes velazqueños, donde se puede respirar tan profundamente que sonrían los bronquios. Se quiere conservar la agricultura de siempre, más secano que regadío, porque la Tierra de Campos, riquísima, solo podrá disfrutar el agua que decidan llover las nubes, canas de Dios. También se piensa que con Fromago, feria bianual, y la Semana Santa, cuatro días, los que median entre Jueves Santo y Domingo de Resurrección, la economía de la capital ya tiene para sobrevivir. La única inversión real se halla en Monte la Reina. ¿Valdrá para detener la despoblación y activar nuestra economía? Candidez colectiva, ingenuidad social, más la bautizada como un servidor apatía antropológica.
Alguien me pide que escriba en positivo sobre el futuro de nuestra tierra. Lo he venido haciendo en varios artículos, editados en los últimos días. Y podría seguir haciéndolo, siempre que Zamora y sus instituciones públicas y organismos económicos de carácter privado asumieran por dónde pasa nuestro futuro como sociedad y como provincia. Ahora bien, si queremos seguir eligiendo el pusilánime “virgencita que me quede como estoy”, expresión del barroco español, estamos en el buen camino.
Si renunciamos a los avances científicos, la despoblación se disparará en la próxima década, porque no se puede vivir con las mismas fórmulas económicas que en la última centuria, incluso ni del siglo XIX, con su caciquismo, ahora desarrollado hasta el paroxismo por los políticos y sus partidos. Y Zamora no avanzará mientras los vicarios de las formaciones políticas, los que ocupan escaños en Congreso de los Diputados, Senado y Cortes de Castilla y León, representen a sus partidos y desdeñen a los ciudadanos de Zamora. Cambio de Ley Electoral como catarsis democrática.
Los datos demográficos son como una ecografía de nuestra Zamora, ciudad y provincia. Verbigracia: en 1975, año de la muerte del dictador, vivían dentro de nuestras fronteras casi 250.000 personas, más féminas que varones. La capital, algo más de 60.000. En 2008 se acercó a los 68.000. No ha variado en este 2026, pese a la emigración de personas procedentes de Hispanoamérica y el Magreb. La provincia en medio siglo ha perdido 85.000 habitantes. La capital crece o se mantiene. La provincia camina, a pasos agigantados, hacia el desierto demográfico irreversible, como anunció, hace unos 30 años, un catedrático de la solvencia de Valentín Cavero (USAL)
¿Vamos a recuperar población con los mismos métodos de hace medio siglo, con el daño causado al sector primario por la Unión Europea y sus directrices masónicas? ¿Cómo la ciudad de Zamora puede aumentar su población, cuando sus principales arterías comerciales muestran decenas de locales cerrados, merced a la compra online de los zamoranos de ropa, calzado, libros, electrodomésticos, perfumes…?
Si los jóvenes, una vez finalizadas sus carreras universitarias, encuentran su trabajo lejos de Zamora, en otras ciudades de nuestra ahistórica autonomía, o en las grandes emporios nacionales o extranjero, ¿seremos, pues, los mayores, los jubilados, los que no estamos de vuelta de nada, porque lo queremos todo para nuestra tierra, los arietes que derribemos las puertas de este castillo donde se cobijan la reacción ante cualquier avance científico y una mentalidad anacrónica, obsesionada con Lampedusa: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. El Gatopardo.
A decir verdad, la transformación de Zamora se quedó en su epidermis: se viste peor, se comenten incluso faltas de ortografía al hablar, se piensa poco, porque da mucho miedo, y nadie señala las cuitas que nos afligen como sociedad, el muro mental que impide el paso a las nuevas tecnologías. La Zamora de siempre le quiere echar un órdago a la chica al progreso, al desarrollo, al renacimiento económico, social y cultural. Y ya saben los jugadores de mus cómo terminan los que utilizan esta forma cobarde de ganar a sus rivales.
Eugenio-Jesús de Ávila
¿Qué tipo de inversiones privadas y públicas necesita Zamora y su provincia? Esa pregunta la formulé a la generalidad zamorana en pleno estío. No ha mucho tiempo. Intuyo que muchas gentes que vieron su luz primera o viven en nuestra tierra apuestan por una provincia y una ciudad puras, pulcras, limpias; con paisajes velazqueños, donde se puede respirar tan profundamente que sonrían los bronquios. Se quiere conservar la agricultura de siempre, más secano que regadío, porque la Tierra de Campos, riquísima, solo podrá disfrutar el agua que decidan llover las nubes, canas de Dios. También se piensa que con Fromago, feria bianual, y la Semana Santa, cuatro días, los que median entre Jueves Santo y Domingo de Resurrección, la economía de la capital ya tiene para sobrevivir. La única inversión real se halla en Monte la Reina. ¿Valdrá para detener la despoblación y activar nuestra economía? Candidez colectiva, ingenuidad social, más la bautizada como un servidor apatía antropológica.
Alguien me pide que escriba en positivo sobre el futuro de nuestra tierra. Lo he venido haciendo en varios artículos, editados en los últimos días. Y podría seguir haciéndolo, siempre que Zamora y sus instituciones públicas y organismos económicos de carácter privado asumieran por dónde pasa nuestro futuro como sociedad y como provincia. Ahora bien, si queremos seguir eligiendo el pusilánime “virgencita que me quede como estoy”, expresión del barroco español, estamos en el buen camino.
Si renunciamos a los avances científicos, la despoblación se disparará en la próxima década, porque no se puede vivir con las mismas fórmulas económicas que en la última centuria, incluso ni del siglo XIX, con su caciquismo, ahora desarrollado hasta el paroxismo por los políticos y sus partidos. Y Zamora no avanzará mientras los vicarios de las formaciones políticas, los que ocupan escaños en Congreso de los Diputados, Senado y Cortes de Castilla y León, representen a sus partidos y desdeñen a los ciudadanos de Zamora. Cambio de Ley Electoral como catarsis democrática.
Los datos demográficos son como una ecografía de nuestra Zamora, ciudad y provincia. Verbigracia: en 1975, año de la muerte del dictador, vivían dentro de nuestras fronteras casi 250.000 personas, más féminas que varones. La capital, algo más de 60.000. En 2008 se acercó a los 68.000. No ha variado en este 2026, pese a la emigración de personas procedentes de Hispanoamérica y el Magreb. La provincia en medio siglo ha perdido 85.000 habitantes. La capital crece o se mantiene. La provincia camina, a pasos agigantados, hacia el desierto demográfico irreversible, como anunció, hace unos 30 años, un catedrático de la solvencia de Valentín Cavero (USAL)
¿Vamos a recuperar población con los mismos métodos de hace medio siglo, con el daño causado al sector primario por la Unión Europea y sus directrices masónicas? ¿Cómo la ciudad de Zamora puede aumentar su población, cuando sus principales arterías comerciales muestran decenas de locales cerrados, merced a la compra online de los zamoranos de ropa, calzado, libros, electrodomésticos, perfumes…?
Si los jóvenes, una vez finalizadas sus carreras universitarias, encuentran su trabajo lejos de Zamora, en otras ciudades de nuestra ahistórica autonomía, o en las grandes emporios nacionales o extranjero, ¿seremos, pues, los mayores, los jubilados, los que no estamos de vuelta de nada, porque lo queremos todo para nuestra tierra, los arietes que derribemos las puertas de este castillo donde se cobijan la reacción ante cualquier avance científico y una mentalidad anacrónica, obsesionada con Lampedusa: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. El Gatopardo.
A decir verdad, la transformación de Zamora se quedó en su epidermis: se viste peor, se comenten incluso faltas de ortografía al hablar, se piensa poco, porque da mucho miedo, y nadie señala las cuitas que nos afligen como sociedad, el muro mental que impide el paso a las nuevas tecnologías. La Zamora de siempre le quiere echar un órdago a la chica al progreso, al desarrollo, al renacimiento económico, social y cultural. Y ya saben los jugadores de mus cómo terminan los que utilizan esta forma cobarde de ganar a sus rivales.
















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