Francisco José Alonso Rodríguez
Jueves, 01 de Octubre de 2026
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De toros, cabestros y ovejas: el peligro del sectarismo político en España

Francisco José Alonso Rodríguez

La política contemporánea a menudo parece regirse por inercias que trascienden el presente, resuenan con ecos del pasado y revelan una preocupante degradación del debate público. A finales de los años sesenta, el intelectual y político Dionisio Ridruejo solía repetir una frase de profunda carga simbólica y crítica: España pasa de un país de toros a un país de cabestros. Aquella lúcida advertencia apuntaba a una mutación social y cívica, una transformación donde el carácter pasional, indomable o crítico —representado metafóricamente por el toro— tendía a ser sustituido por la docilidad gregaria del cabestro, animal manso que encamina al rebaño hacia el corral guiado por intereses ajenos.

 

En paralelo, en las aulas de la Facultad de Ciencias Políticas, ya se advertía sobre el peligro del "voto ovejuno". Este fenómeno define una dinámica electoral alarmante donde el sufragio deja de ser el resultado de una reflexión individual, madura y razonada sobre el bien común, para convertirse en un acto de estricta pertenencia identitaria. El voto ovejuno opera mediante reflejos condicionados, lealtades ciegas y un sectarismo feroz hacia el discrepante. En este ecosistema, el ciudadano abdica de su capacidad crítica para someterse a las consignas de un grupo, un partido o un líder carismático cuyos intereses particulares o de facción se anteponen sistemáticamente a los intereses de la sociedad en su conjunto.

 

La democracia bajo asedio: Identidad frente a razón Una democracia saludable se sustenta en la disidencia constructiva, el contraste de ideas y el voto informado. Sin embargo, cuando la política se trivializa, las urnas se transforman en trincheras emocionales. El votante ovejuno no premia la gestión eficaz ni castiga la corrupción; premia la pureza de siglas y el antagonismo. Se vota por inercia, por miedo al adversario magnificado como amenaza existencial, o por el simple calor de pertenecer a una manada ideológica.

 

Este seguidismo acrítico vacía de contenido real al sistema democrático. Los partidos dejan de rendir cuentas a ciudadanos exigentes y pasan a gestionar clientelas cautivas. El sectarismo político bloquea la búsqueda de consensos transversales y desincentiva la autocrítica, conduciendo a una polarización tóxica que debilita las instituciones y degrada la convivencia civil.

 

El cinismo de los falsos demócratas Lo más inquietante de este camino es cómo se intenta normalizar y justificar desde ciertos sectores privilegiados. Como bien apuntan algunos observadores críticos ante el discurso de esa autodenominada "progresía de caviar" —aquella que predica desde la comodidad y la desconexión de la realidad cotidiana de los ciudadanos de a pie—, a veces se deslizan proclamas de tintes inquietantes y cainitas. Frases como la de que "la próxima vez ganaremos la guerra" resuenan con una peligrosa ligereza histórica. Es mejor no detenerse demasiado en desentrañar qué pretenden sugerir con semejantes expresiones, pero el mero hecho de que formen parte del imaginario verbal de quienes se autoproclaman adalides del progreso evidencia una preocupante desfachatez democrática y un desprecio absoluto por la concordia reconciliada.

 

No podemos permitir que España siga avanzando por esta pendiente resbaladiza. Asumir el rol de cabestros guiados por pastores sin escrúpulos o ceder al automatismo del voto ovejuno supone renunciar a nuestra mayoría de edad ciudadana. Urge rescatar el valor de la libertad de criterio, exigir rigor a nuestros representantes y recordar que la democracia no es un concurso de lealtades tribales, sino el ejercicio responsable de la soberanía popular en beneficio de una sociedad libre, plural y justa.

 

Fomentemos una sociedad con más pensamiento crítico que la polarización identitaria en las urnas. No olvidemos nuestra Historia, pues podemos correr el peligro de repetirla.

 

 Francisco José Alonso Rodríguez. -Politólogo. - Sociólogo. - Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. - Centro de Estudios Ateneos. - Premio a las Libertades “Rafael del Riego”.

 

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