Nota de prensa
Martes, 06 de Octubre de 2026
IGLESIA

La Diócesis abre el curso pastoral llamando a la comunión, la esperanza y la misión

El obispo Fernando Valera presidió este lunes la celebración de San Atilano

La Diócesis de Zamora celebró este lunes la solemnidad de San Atilano, su primer obispo y patrono, con la apertura del nuevo curso pastoral, dedicado este año a la Eucaristía. La jornada comenzó en la iglesia de San Pedro y San Ildefonso con la conferencia del sacerdote Tomás Durán y concluyó con la celebración eucarística presidida por el obispo, Fernando Valera. 

 

Bajo el título «Los cristianos de Filipos escriben a la Iglesia de Zamora», Tomás Durán acercó a los asistentes a la primera comunidad europea evangelizada por san Pablo. Filipos era una ciudad plural, comercial y habitada por distintas creencias; también su comunidad cristiana atravesaba tensiones y divisiones. En la carta a los filipenses, explicó, Pablo conduce a los primeros cristianos hacia las fuentes de la fe y les propone una Iglesia que avanza, vive en misión y permanece abierta a la esperanza.

 

La pregunta sobre cómo se sitúa la Iglesia en la sociedad de su tiempo sigue vigente. Durán la vinculó con los retos actuales de las comunidades: vivir la fe en una cultura plural y democrática, acercarse a las periferias de las ciudades y acompañar a los pueblos afectados por la despoblación. Frente a la tentación del aislamiento o de la división interna, subrayó que la comunión no consiste en ser uniformes, sino en acoger la diversidad y volver juntos a las fuentes que sostienen la vida cristiana: la Palabra, la Eucaristía y el señorío de Cristo. «Solo podemos avanzar coincidiendo los opuestos en las fuentes», afirmó.

 

El sacerdote invitó también a dirigir la mirada hacia los signos de vida que están naciendo en la Iglesia del siglo XXI. Evocó la antigua orientación de la liturgia bautismal hacia Oriente, símbolo del sol naciente, para proponer una Iglesia que mira hacia la luz y acoge con simpatía la cultura actual, con el Concilio Vaticano II como brújula.

 

La Eucaristía presidida por el obispo, Fernando Valera, recogió esta llamada a volver al centro de la vida cristiana. En su homilía, el obispo presentó a Jesús como el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y entrega la vida por ellas. Recordó que, según la tradición, San Atilano, de origen monacal, edificó la Iglesia con la oración, la caridad y una entrega infatigable; e invitó a la comunidad diocesana a seguir esa forma de servicio, permaneciendo junto a su pueblo también en los momentos de dificultad.

 

Valera señaló que en la Iglesia que peregrina en Zamora nadie queda al margen: las personas mayores, las familias que luchan por tener un hogar y salir adelante, los sacerdotes entregados a su misión y quienes sufren pobreza, violencia o exclusión forman parte de la viña del Señor. «Nadie sobra», recordó.

 

Al comenzar el curso, el obispo presentó la Eucaristía como fuente de comunión y envío: en el Pan de Vida, la Iglesia se reúne, supera los muros que la separan y recibe la fuerza para curar heridas y acompañar a quienes sufren. Finalmente, encomendó el camino diocesano a María Santísima y animó a cuidar la vida interior y la oración ante el Sagrario.

 

Fuente: Diócesis de Zamora

Imagen: Diócesis de Zamora

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