LEGISLATIVAS
¿A qué partido debe votar un zamorano el 29 de noviembre?
En mi artículo de ayer, ¡Votad, votad, malditos!, explicaba que el ciudadano es tal, porque carece de libertad para elegir a sus candidatos al Congreso de los Diputados y Senado. Las nomenklaturas de los partidos elaboran las listas, en las que encajan a los más dúctiles -pelotas- y algunos más eruditos en temas esenciales para la gobernación. Por lo tanto, usted y yo, si acudimos a las urnas a depositar los sobres con las respectivas papeletas, rubricamos, no votamos, las candidaturas de los jefes de las respectivas formaciones. Pero olvídese de ese dato importante y también de una Ley Electoral que favorece a las formaciones independentistas, definidas por su odio a España, por su búsqueda de la destrucción del Estado, para escribir sobre lo que un servidor, un zamorano que no está de vuelta de nada, pero que tiene la suficiente experiencia para saber quién me engaña y la sabiduría exacta para que se crean que me trago sus mentiras.
Votaría al partido político, más allá de las ideologías, que plasmara en su programa el cambio de Ley Electoral y la elección de un CGPJ por los jueces, sin intervención política de ningún tipo. A partir de esos dos principios esenciales, exigiría, como zamorano, la construcción, en menos de un lustro, de la autovía entre la capital de la provincia y la frontera lusa, e iniciar el proyecto de la otra autovía básica para la provincia, la N-631. La cesión, gratuita, de los terrenos de Renfe en la Estación del Ferrocarril, al Ayuntamiento de Zamora. Presentar en Europa la red ferroviaria Vía de la Plata, con el objetivo de obtener financiación. Que el Eje Atlántico pase por la capital de la provincia. Inversiones que creen numerosos puestos de trabajo de alta tecnología, avaladas por las investigaciones científicas del Gobierno. Y potenciar lo que será la instalación militar de Monte la Reina.
Como se observará, escribo, fundamentalmente, sobre infraestructuras. Los menesteres de embellecer Zamora le corresponden al Ayuntamiento. Ya he escrito sobre mis proyectos estéticos para la ciudad del Romancero. No he introducido ningún tipo de ideología para evitar controversias. Se lo exijo tanto a rojos como a azules. Me trae sin cuidado sus credos políticos.
Y si ningún programa electoral realiza esas propuestas para España -nueva Ley Electoral y que los jueces elijan su CGPG- y para Zamora, infraestruturas, contempla esas medidas, recomiendo la abstención, ni el voto en blanco. No merecería la pena fortalecer esta falacia de democracia. No permitamos que jueguen más con nuestros votos, con nuestra candida inocencia política.
Engels, al final de su vida, vino a decir que en el futuro -llegó hace tiempo- pasaremos del gobierno de los hombres a la gestión de las cosas.
En mi artículo de ayer, ¡Votad, votad, malditos!, explicaba que el ciudadano es tal, porque carece de libertad para elegir a sus candidatos al Congreso de los Diputados y Senado. Las nomenklaturas de los partidos elaboran las listas, en las que encajan a los más dúctiles -pelotas- y algunos más eruditos en temas esenciales para la gobernación. Por lo tanto, usted y yo, si acudimos a las urnas a depositar los sobres con las respectivas papeletas, rubricamos, no votamos, las candidaturas de los jefes de las respectivas formaciones. Pero olvídese de ese dato importante y también de una Ley Electoral que favorece a las formaciones independentistas, definidas por su odio a España, por su búsqueda de la destrucción del Estado, para escribir sobre lo que un servidor, un zamorano que no está de vuelta de nada, pero que tiene la suficiente experiencia para saber quién me engaña y la sabiduría exacta para que se crean que me trago sus mentiras.
Votaría al partido político, más allá de las ideologías, que plasmara en su programa el cambio de Ley Electoral y la elección de un CGPJ por los jueces, sin intervención política de ningún tipo. A partir de esos dos principios esenciales, exigiría, como zamorano, la construcción, en menos de un lustro, de la autovía entre la capital de la provincia y la frontera lusa, e iniciar el proyecto de la otra autovía básica para la provincia, la N-631. La cesión, gratuita, de los terrenos de Renfe en la Estación del Ferrocarril, al Ayuntamiento de Zamora. Presentar en Europa la red ferroviaria Vía de la Plata, con el objetivo de obtener financiación. Que el Eje Atlántico pase por la capital de la provincia. Inversiones que creen numerosos puestos de trabajo de alta tecnología, avaladas por las investigaciones científicas del Gobierno. Y potenciar lo que será la instalación militar de Monte la Reina.
Como se observará, escribo, fundamentalmente, sobre infraestructuras. Los menesteres de embellecer Zamora le corresponden al Ayuntamiento. Ya he escrito sobre mis proyectos estéticos para la ciudad del Romancero. No he introducido ningún tipo de ideología para evitar controversias. Se lo exijo tanto a rojos como a azules. Me trae sin cuidado sus credos políticos.
Y si ningún programa electoral realiza esas propuestas para España -nueva Ley Electoral y que los jueces elijan su CGPG- y para Zamora, infraestruturas, contempla esas medidas, recomiendo la abstención, ni el voto en blanco. No merecería la pena fortalecer esta falacia de democracia. No permitamos que jueguen más con nuestros votos, con nuestra candida inocencia política.
Engels, al final de su vida, vino a decir que en el futuro -llegó hace tiempo- pasaremos del gobierno de los hombres a la gestión de las cosas.















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