DENUNCIA
Renaturalizar con fondos europeos y olvidarse después de los árboles
La actuación de Renaturaliza en Olivares recuperó una zona degradada, pero muchos de los árboles plantados no han sobrevivido. Plantar está bien; conseguir que crezcan debería ser lo importante
Dice el refrán que con pólvora ajena bien se dispara. Algo así parece haber ocurrido con esta actuación de Renaturaliza en la zona de Olivares. El proyecto Renaturaliza comprende distintas actuaciones repartidas por la ciudad y financiadas en buena parte con fondos europeos. Una de ellas se llevó a cabo junto al Puente de los Poetas, en un espacio próximo al arroyo de Valderrey, también conocido como arroyo de Valorio por su paso por el bosque del mismo nombre. La actuación tenía sentido. Se limpió y acondicionó el terreno y se plantaron especies autóctonas de ribera en una zona que llevaba tiempo bastante degradada y desaprovechada. En concreto, se actuó sobre 41.893 metros cuadrados y se plantaron 190 ejemplares, 132 árboles y 58 arbustos. La inversión fue de 32.267 euros.
Además de recuperar ambientalmente el espacio, se pretendía crear una zona agradable para los ciudadanos. Se colocaron mesas y, con el paso del tiempo, el crecimiento de los árboles debería haber permitido disponer de una sombra natural que siempre es de agradecer, especialmente en una ciudad como Zamora. Pero había una condición imprescindible, que los árboles sobrevivieran. Y aquí es donde empieza el problema.
Porque una cosa es renaturalizar y otra muy distinta plantar y olvidarse. Los ejemplares recién plantados necesitan unos cuidados mínimos, especialmente durante los primeros meses, hasta que consiguen arraigar. No se trata de regarlos todos los días ni de convertir una zona natural en un jardín urbano. Se trata simplemente de proporcionarles el agua que necesitan para salir adelante.
Y esto no es una apreciación. La propia información del proyecto señalaba que, después de la plantación, se realizarían riegos de mantenimiento y que la Fundación Personas se encargaría de ellos durante las semanas siguientes. También se realizó un riego inicial para favorecer la supervivencia de los ejemplares.Sin embargo, basta acercarse ahora al lugar para comprobar que muchos de aquellos árboles no han sobrevivido. Allí quedan los que han conseguido salir adelante y, junto a ellos, los huecos y los restos de otros que no tuvieron la misma suerte.
No es la primera vez que esta zona genera quejas por su mantenimiento. Ya hubo que reclamar actuaciones de limpieza y desbroce cuando la vegetación se hizo con buena parte del espacio, hasta el punto de dificultar incluso el acceso a las mesas instaladas. Ahora el problema se ve también en los árboles. Y aquí conviene hacerse una pregunta muy sencilla: ¿de qué sirve invertir dinero en recuperar un espacio, acondicionarlo y plantar árboles si después no se consigue que esos árboles crezcan? Porque el dinero ya se ha gastado. El terreno ya se ha acondicionado y los árboles ya se han plantado. Si ahora hay que reponer los ejemplares que se han perdido, habrá que volver a gastar dinero para hacer de nuevo una parte del trabajo que ya estaba hecho.
Los fondos europeos permiten realizar actuaciones que de otra manera serían mucho más difíciles, pero precisamente por eso hay que cuidar también el resultado. No basta con ejecutar el proyecto. Hay que mantenerlo. Renaturalizar no consiste en plantar y marcharse. Consiste en conseguir que, dentro de unos años, esos árboles sigan allí y hayan crecido.Porque al final no se trata de cuántos árboles se plantaron. Se trata de cuántos quedan. Y quizá esa sea la mejor manera de comprobar si aquello que se hizo realmente ha servido para renaturalizar la zona.

Dice el refrán que con pólvora ajena bien se dispara. Algo así parece haber ocurrido con esta actuación de Renaturaliza en la zona de Olivares. El proyecto Renaturaliza comprende distintas actuaciones repartidas por la ciudad y financiadas en buena parte con fondos europeos. Una de ellas se llevó a cabo junto al Puente de los Poetas, en un espacio próximo al arroyo de Valderrey, también conocido como arroyo de Valorio por su paso por el bosque del mismo nombre. La actuación tenía sentido. Se limpió y acondicionó el terreno y se plantaron especies autóctonas de ribera en una zona que llevaba tiempo bastante degradada y desaprovechada. En concreto, se actuó sobre 41.893 metros cuadrados y se plantaron 190 ejemplares, 132 árboles y 58 arbustos. La inversión fue de 32.267 euros.
Además de recuperar ambientalmente el espacio, se pretendía crear una zona agradable para los ciudadanos. Se colocaron mesas y, con el paso del tiempo, el crecimiento de los árboles debería haber permitido disponer de una sombra natural que siempre es de agradecer, especialmente en una ciudad como Zamora. Pero había una condición imprescindible, que los árboles sobrevivieran. Y aquí es donde empieza el problema.
Porque una cosa es renaturalizar y otra muy distinta plantar y olvidarse. Los ejemplares recién plantados necesitan unos cuidados mínimos, especialmente durante los primeros meses, hasta que consiguen arraigar. No se trata de regarlos todos los días ni de convertir una zona natural en un jardín urbano. Se trata simplemente de proporcionarles el agua que necesitan para salir adelante.
Y esto no es una apreciación. La propia información del proyecto señalaba que, después de la plantación, se realizarían riegos de mantenimiento y que la Fundación Personas se encargaría de ellos durante las semanas siguientes. También se realizó un riego inicial para favorecer la supervivencia de los ejemplares.Sin embargo, basta acercarse ahora al lugar para comprobar que muchos de aquellos árboles no han sobrevivido. Allí quedan los que han conseguido salir adelante y, junto a ellos, los huecos y los restos de otros que no tuvieron la misma suerte.
No es la primera vez que esta zona genera quejas por su mantenimiento. Ya hubo que reclamar actuaciones de limpieza y desbroce cuando la vegetación se hizo con buena parte del espacio, hasta el punto de dificultar incluso el acceso a las mesas instaladas. Ahora el problema se ve también en los árboles. Y aquí conviene hacerse una pregunta muy sencilla: ¿de qué sirve invertir dinero en recuperar un espacio, acondicionarlo y plantar árboles si después no se consigue que esos árboles crezcan? Porque el dinero ya se ha gastado. El terreno ya se ha acondicionado y los árboles ya se han plantado. Si ahora hay que reponer los ejemplares que se han perdido, habrá que volver a gastar dinero para hacer de nuevo una parte del trabajo que ya estaba hecho.
Los fondos europeos permiten realizar actuaciones que de otra manera serían mucho más difíciles, pero precisamente por eso hay que cuidar también el resultado. No basta con ejecutar el proyecto. Hay que mantenerlo. Renaturalizar no consiste en plantar y marcharse. Consiste en conseguir que, dentro de unos años, esos árboles sigan allí y hayan crecido.Porque al final no se trata de cuántos árboles se plantaron. Se trata de cuántos quedan. Y quizá esa sea la mejor manera de comprobar si aquello que se hizo realmente ha servido para renaturalizar la zona.
















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.209