REFLEXIONES
La deuda política del Estado con Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
Quedamos hace unos días en que a un servidor no le representa partido político alguno. Amo la política, pero sospecho de todo político. Zamora, nuestra ciudad y provincia, carece de hombres y mujeres que trabajen por el futuro de los zamoranos en Valladolid y Madrid. Y no se trata de un pecado mortal cometido sobre nuestra tierra ahora, cuando se halla tendida al sol, sin latido, nuestra geografía. Fue, es y será, si los zamoranos lo seguimos permitiendo, una forma de actuar de diputados nacionales, senadores y procuradores en las Cortes de Castilla y León casi desde el génesis de la democracia.
El político, una vez ocupado el cargo, se olvida de quienes lo votaron, porque sabe que, con la actual Ley Electoral, se lo debe a la jerarquía de la formación política que ya lo eligió antes de pasar por las urnas, nunca al ciudadano. El político de cualquier partido solo representa al partido. El pueblo se transforma en sutil excusa. Forma parte de esta falacia de democracia.
Este sistema, que va camino de un régimen, se caracteriza por el alejamiento del político del pueblo. Así lo denunció, cuando yo creía que él era el Prometeo de la democracia, Pablo Iglesias. Esta democracia, reitero, resultó muy beneficiosa para los políticos y sus familias, amigos y amantes. El nepotismo caracterizó la esencia del poder político. Se enchufó con descaro. No hubo diferencias entre unos y otros. Hay un árbol genealógico del nepotismo en las instituciones públicas. Me atrevería a concluir que, cuanto más cercana, más provinciana es la administración, más descarada fue la privanza. Auténticas mediocridades se convirtieron, de la noche a la mañana, en funcionarios. El sueldo fijo, pase lo que pase, pandemias económicas incluidas, hasta la jubilación. ¿Méritos? Ninguno. Ser familia, amigo, amante de algún poderoso.
En Zamora, conviven muchos funcionarios y ancianos con autónomos y pequeños empresarios, agricultores y ganaderos. Una gran mayoría de nuestra población muestra una apatía antropológica, enfermedad psicológica que condena al ciudadano a vivir en el redil, a balar, a tragárselo todo, como la papa el infante, hasta que no queda nada en el plato del poder. Los zamoranos hemos sido cómplices de esta ruina, de nuestra decadencia económica, de unos datos demográficos catastróficos, casi apocalípticos.
Por lo tanto, si los socialistas quieren saldar su deuda con los zamoranos, que su Gobierno cumpla con lo prometido: Terrenos de Adif, cedidos al Ayuntamiento; inversión en Monte La Reina (“piano piano”) y transformación en autovía de la Nacional entre Zamora y frontera lusa. Me olvido de otras menudencias, como la restauración global de la muralla y el 1,5% Cultural pedido, por enésima vez, por un equipo de gobierno municipal desde la Casa de las Panaderas. El resto no me importa.
¡Abrid vuestras mentes, zamoranos! ¡Qué no os engañen los políticos! ¡Pedid! ¡Estáis en vuestro derecho! ¡No seáis pusilánimes! ¡Salid del redil! Los partidos y nuestra cobardía, más la prensa de la desinformación se constituyen en nuestros enemigos. ¡Pensad! No hace daño. PSOE y PP, si gobierna algún día, que lo dudo, deben restituirnos lo que nos robaron. ¡Qué paguen los privilegiados! Nosotros somos los humildes. Somos el proletariado de la España profunda. ¡Velad por la tierra más esquilmada de la nación más antigua de Europa!
Espero, y deseo, que algún partido político zamorano reivindique inversiones para nuestra tierra, que se muestre inconformistas con el poder, que denuncie los agravios comparativos de los ejecutivos regionales y nacionales hacia nuestra ciudad y provincia. Y que tire de historia, de datos, para que los zamoranos más apáticos caigan en la cuenta de que los grandes partidos nacionales no han hecho otra cosa que adelgazar a Zamora de organismos estatales, burlarse de nuestra provincia con promesas vanas, reírse de la provincia con menor actividad de España, la más envejecida y la que registra los datos de despoblación más rotundos de la nación en la última década.
Le pido a los partidos políticos zamoranos que no nos fallen a los que hemos exigido un partido local como último recurso para evitar que Zamora se muera y sea enterrada en el ataúd de la Historia.
Eugenio-Jesús de Ávila
Fotografía: Puente de la Estrella
Eugenio-Jesús de Ávila
Quedamos hace unos días en que a un servidor no le representa partido político alguno. Amo la política, pero sospecho de todo político. Zamora, nuestra ciudad y provincia, carece de hombres y mujeres que trabajen por el futuro de los zamoranos en Valladolid y Madrid. Y no se trata de un pecado mortal cometido sobre nuestra tierra ahora, cuando se halla tendida al sol, sin latido, nuestra geografía. Fue, es y será, si los zamoranos lo seguimos permitiendo, una forma de actuar de diputados nacionales, senadores y procuradores en las Cortes de Castilla y León casi desde el génesis de la democracia.
El político, una vez ocupado el cargo, se olvida de quienes lo votaron, porque sabe que, con la actual Ley Electoral, se lo debe a la jerarquía de la formación política que ya lo eligió antes de pasar por las urnas, nunca al ciudadano. El político de cualquier partido solo representa al partido. El pueblo se transforma en sutil excusa. Forma parte de esta falacia de democracia.
Este sistema, que va camino de un régimen, se caracteriza por el alejamiento del político del pueblo. Así lo denunció, cuando yo creía que él era el Prometeo de la democracia, Pablo Iglesias. Esta democracia, reitero, resultó muy beneficiosa para los políticos y sus familias, amigos y amantes. El nepotismo caracterizó la esencia del poder político. Se enchufó con descaro. No hubo diferencias entre unos y otros. Hay un árbol genealógico del nepotismo en las instituciones públicas. Me atrevería a concluir que, cuanto más cercana, más provinciana es la administración, más descarada fue la privanza. Auténticas mediocridades se convirtieron, de la noche a la mañana, en funcionarios. El sueldo fijo, pase lo que pase, pandemias económicas incluidas, hasta la jubilación. ¿Méritos? Ninguno. Ser familia, amigo, amante de algún poderoso.
En Zamora, conviven muchos funcionarios y ancianos con autónomos y pequeños empresarios, agricultores y ganaderos. Una gran mayoría de nuestra población muestra una apatía antropológica, enfermedad psicológica que condena al ciudadano a vivir en el redil, a balar, a tragárselo todo, como la papa el infante, hasta que no queda nada en el plato del poder. Los zamoranos hemos sido cómplices de esta ruina, de nuestra decadencia económica, de unos datos demográficos catastróficos, casi apocalípticos.
Por lo tanto, si los socialistas quieren saldar su deuda con los zamoranos, que su Gobierno cumpla con lo prometido: Terrenos de Adif, cedidos al Ayuntamiento; inversión en Monte La Reina (“piano piano”) y transformación en autovía de la Nacional entre Zamora y frontera lusa. Me olvido de otras menudencias, como la restauración global de la muralla y el 1,5% Cultural pedido, por enésima vez, por un equipo de gobierno municipal desde la Casa de las Panaderas. El resto no me importa.
¡Abrid vuestras mentes, zamoranos! ¡Qué no os engañen los políticos! ¡Pedid! ¡Estáis en vuestro derecho! ¡No seáis pusilánimes! ¡Salid del redil! Los partidos y nuestra cobardía, más la prensa de la desinformación se constituyen en nuestros enemigos. ¡Pensad! No hace daño. PSOE y PP, si gobierna algún día, que lo dudo, deben restituirnos lo que nos robaron. ¡Qué paguen los privilegiados! Nosotros somos los humildes. Somos el proletariado de la España profunda. ¡Velad por la tierra más esquilmada de la nación más antigua de Europa!
Espero, y deseo, que algún partido político zamorano reivindique inversiones para nuestra tierra, que se muestre inconformistas con el poder, que denuncie los agravios comparativos de los ejecutivos regionales y nacionales hacia nuestra ciudad y provincia. Y que tire de historia, de datos, para que los zamoranos más apáticos caigan en la cuenta de que los grandes partidos nacionales no han hecho otra cosa que adelgazar a Zamora de organismos estatales, burlarse de nuestra provincia con promesas vanas, reírse de la provincia con menor actividad de España, la más envejecida y la que registra los datos de despoblación más rotundos de la nación en la última década.
Le pido a los partidos políticos zamoranos que no nos fallen a los que hemos exigido un partido local como último recurso para evitar que Zamora se muera y sea enterrada en el ataúd de la Historia.
Eugenio-Jesús de Ávila
Fotografía: Puente de la Estrella
















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