1ª RFEF
El Zamora logra un empate, con aroma a victoria, en Anduva, ante el Mirandés (1-1)
Encajó el gol en el minuto 4, pero después controló el partido hasta el tanto de Carbonell, y las dos intervenciones prodigiosas de Piedra
Navascués de Zubiría
Todo empate, mientras no se cambien las normas, reparte un punto entre los contendientes. Ahora bien, hay empate, como el cosechado por el Zamora CF en Anduva, ante uno de los favoritos para el ascenso directo, Mirandés, merecería los tres puntos en juego, porque la media hora final de los rojiblancos la califico como la mejor de la temporada. Se ganó, lejos del Ruta de la Plata al Arenas y al Extremadura, pero juzgo como fútbol superior el que la escuadra que dirige Óscar Cano con maestría, realizó esta noche sobre el excelente césped burgalés. Carbonell, casado con el gol, consiguió el tanto del empate, tras una simpar acción de Hidalgo. Piedra, tan contestado por un sector de la afición, realizó dos intervenciones angelicales para que su equipo siguiese porfiando por el triunfo.
El Zamora CF llegaba diezmado a uno de los estadios más complicados del grupo I de la 1ª RFEF. Sancho, porque es ley de vida, eligió abandonar el club para jugar en Libia, lo que se tradujo como una especie de desguace de la plantilla, más tras el adiós de Abde antes de iniciarse la Liga. Además, Cano no podía contar con su exterior más desequilibrante, Izan; un medio centro específico, Isaiah Navarro, y con sus dos centrales titulares, Luismi y Dufur, con problemas musculares, aunque esta noche formasen parte del once titular. Cano hizo encaje de bolillos con los hilos que le quedaban en la bovina de su plantilla, como las ancianas de nuestros pueblos.
Como al técnico granadino le ha ido muy bien con los tres centrales, pues repitió; como también hizo con la medular, con un Juanje extraordinario y un Ramos que puso el sosiego y la inteligencia en el juego. Y, como carrileros, Diego Moreno y José Albert. En ataque, Carbonell y Fabi, con Hidalgo moviéndose por aquellos espacios donde consideró podría realizar mejor su labor.
No empezaron bien las cosas para los hoy verdirrojos, porque en el minuto 4 un centro, raso, de Riki, desde la derecha, lo remataba con una fuerza descomunal Unzueta para batir a Piedra. Imparable.
Pero el Zamora, tras unos minutos tocado, se hizo con la propiedad del balón, si bien se jugó más en horizontal que en profundidad. Los rojiblancos se defendieron perfectamente con la pelota. No obstante, la mejor oportunidad de la primera parte fue para el Mirandés, pero el cabezazo de Unzueta se fue lejos del marco de Piedra.
La mejor oportunidad de los verdirrojos se quedó en ucronía, el gol que pudo ser y no fue, cuando Ramos lanzó un golpe franco que tocó con la cabeza desde su enorme estatura Markel Lozano, por cierto, desaparecido durante todo el partido.
Con esa derrota mínima, concluyó la primera mitad. El Zamora había sobrevivido a la fuerza de un Mirandés, minimizado por el fútbol rojiblanco.
La segunda entrega registró una revisión, reclamada por el técnico local, que vio un penalti en el área zamorana. Una vez vista la jugada, no ha lugar para la pena máxima.
Antes de cumplirse la primera hora del partido Muneta, que ya no le gustaba su equipo, introdujo dos cambios. Cano, tres minutos después, dio entrada a Vergés por José Albert, que cometió algunos errores inexplicables en el pase y no cerró bien la banda izquierda ni se prodigo en ataque, dejaba su posición a Vergés, mientras Moreno, que se pegó una paliza después de desaparecer del once inicial durante muchas jornadas, era relevado por Mauro Costa.
Y, a partir de esa hora de juego, el esférico lo compró el Zamora, que combinaba de maravilla, con calidad, con excelente fútbol. Antes, Piedra realizó un paradón extraordinario, en una de las escasas jugadas de ataque burgaleses. Centro desde la izquierda, cabezazo y vuelo del catalán para evitar el segundo gol local.
Pero la realidad es que el Zamora mandaba e imponía su fútbol en Anduva. El técnico vizcaíno del Mirandés también estaba de acuerdo con un servidor, porque introdujo tres cambios al unísono (minuto 67).
Y en el minuto 72, Hidalgo porfía, en la línea de fondo, con un defensa para robarle el balón, centrar raso y que rematase Carbonell, de primeras, al fondo de la red. El Zamora se estaba mereciendo el empate y se hizo justicia.
Tres minutos después, entraba Losada por Carbonell, para partirse el esqueleto luchando con los centrales rojinegros. El Zamora llegó a creer en la victoria y realizó excelentes jugadas que no hallaron su rúbrica.
Mascaró sustituyó a Hidalgo en el 84. Tres minutos después, de nuevo, Piedra para salvar el punto, al desviar otro cabezazo lejos de su marco.
Y hasta el pitido final, el árbitro quiso, en el minuto 90, acongojar a los verdirrojos, señalando una falta lateral muy cerca del área, que se botó sin problemas.
Algunas decisiones en despejes desde la defensa, que viene siendo muy propio de la zaga en los tramos finales de los partidos, y un cabezazo de Uzcudun, muy desviado, definieron los siete minutos y medio de añadido.
Insisto: este empate me trae el perfume profundo de la victoria, aroma a Loewe para una plantilla muy tocada por las lesiones y los adioses de Abde, durante la pretemporada, y Sancho esta misma semana.
Y el maestro Óscar Cano ha sabido construir un equipo de futbolistas que lo dan todo y que no se lamentan por los reveses del destino.
La próxima jornada nos presenta un partido tremendo, esencial para que los rojiblancos crean en su valía, más allá de la juventud. La Ponferradina, un equipo veterano y ambicioso, visita el Ruta de la Plata. Duelo de clubes del viejo Reino de León.
Fotografías: Zamora CF
Navascués de Zubiría
Todo empate, mientras no se cambien las normas, reparte un punto entre los contendientes. Ahora bien, hay empate, como el cosechado por el Zamora CF en Anduva, ante uno de los favoritos para el ascenso directo, Mirandés, merecería los tres puntos en juego, porque la media hora final de los rojiblancos la califico como la mejor de la temporada. Se ganó, lejos del Ruta de la Plata al Arenas y al Extremadura, pero juzgo como fútbol superior el que la escuadra que dirige Óscar Cano con maestría, realizó esta noche sobre el excelente césped burgalés. Carbonell, casado con el gol, consiguió el tanto del empate, tras una simpar acción de Hidalgo. Piedra, tan contestado por un sector de la afición, realizó dos intervenciones angelicales para que su equipo siguiese porfiando por el triunfo.
El Zamora CF llegaba diezmado a uno de los estadios más complicados del grupo I de la 1ª RFEF. Sancho, porque es ley de vida, eligió abandonar el club para jugar en Libia, lo que se tradujo como una especie de desguace de la plantilla, más tras el adiós de Abde antes de iniciarse la Liga. Además, Cano no podía contar con su exterior más desequilibrante, Izan; un medio centro específico, Isaiah Navarro, y con sus dos centrales titulares, Luismi y Dufur, con problemas musculares, aunque esta noche formasen parte del once titular. Cano hizo encaje de bolillos con los hilos que le quedaban en la bovina de su plantilla, como las ancianas de nuestros pueblos.
Como al técnico granadino le ha ido muy bien con los tres centrales, pues repitió; como también hizo con la medular, con un Juanje extraordinario y un Ramos que puso el sosiego y la inteligencia en el juego. Y, como carrileros, Diego Moreno y José Albert. En ataque, Carbonell y Fabi, con Hidalgo moviéndose por aquellos espacios donde consideró podría realizar mejor su labor.
No empezaron bien las cosas para los hoy verdirrojos, porque en el minuto 4 un centro, raso, de Riki, desde la derecha, lo remataba con una fuerza descomunal Unzueta para batir a Piedra. Imparable.
Pero el Zamora, tras unos minutos tocado, se hizo con la propiedad del balón, si bien se jugó más en horizontal que en profundidad. Los rojiblancos se defendieron perfectamente con la pelota. No obstante, la mejor oportunidad de la primera parte fue para el Mirandés, pero el cabezazo de Unzueta se fue lejos del marco de Piedra.
La mejor oportunidad de los verdirrojos se quedó en ucronía, el gol que pudo ser y no fue, cuando Ramos lanzó un golpe franco que tocó con la cabeza desde su enorme estatura Markel Lozano, por cierto, desaparecido durante todo el partido.
Con esa derrota mínima, concluyó la primera mitad. El Zamora había sobrevivido a la fuerza de un Mirandés, minimizado por el fútbol rojiblanco.
La segunda entrega registró una revisión, reclamada por el técnico local, que vio un penalti en el área zamorana. Una vez vista la jugada, no ha lugar para la pena máxima.
Antes de cumplirse la primera hora del partido Muneta, que ya no le gustaba su equipo, introdujo dos cambios. Cano, tres minutos después, dio entrada a Vergés por José Albert, que cometió algunos errores inexplicables en el pase y no cerró bien la banda izquierda ni se prodigo en ataque, dejaba su posición a Vergés, mientras Moreno, que se pegó una paliza después de desaparecer del once inicial durante muchas jornadas, era relevado por Mauro Costa.
Y, a partir de esa hora de juego, el esférico lo compró el Zamora, que combinaba de maravilla, con calidad, con excelente fútbol. Antes, Piedra realizó un paradón extraordinario, en una de las escasas jugadas de ataque burgaleses. Centro desde la izquierda, cabezazo y vuelo del catalán para evitar el segundo gol local.
Pero la realidad es que el Zamora mandaba e imponía su fútbol en Anduva. El técnico vizcaíno del Mirandés también estaba de acuerdo con un servidor, porque introdujo tres cambios al unísono (minuto 67).
Y en el minuto 72, Hidalgo porfía, en la línea de fondo, con un defensa para robarle el balón, centrar raso y que rematase Carbonell, de primeras, al fondo de la red. El Zamora se estaba mereciendo el empate y se hizo justicia.
Tres minutos después, entraba Losada por Carbonell, para partirse el esqueleto luchando con los centrales rojinegros. El Zamora llegó a creer en la victoria y realizó excelentes jugadas que no hallaron su rúbrica.
Mascaró sustituyó a Hidalgo en el 84. Tres minutos después, de nuevo, Piedra para salvar el punto, al desviar otro cabezazo lejos de su marco.
Y hasta el pitido final, el árbitro quiso, en el minuto 90, acongojar a los verdirrojos, señalando una falta lateral muy cerca del área, que se botó sin problemas.
Algunas decisiones en despejes desde la defensa, que viene siendo muy propio de la zaga en los tramos finales de los partidos, y un cabezazo de Uzcudun, muy desviado, definieron los siete minutos y medio de añadido.
Insisto: este empate me trae el perfume profundo de la victoria, aroma a Loewe para una plantilla muy tocada por las lesiones y los adioses de Abde, durante la pretemporada, y Sancho esta misma semana.
Y el maestro Óscar Cano ha sabido construir un equipo de futbolistas que lo dan todo y que no se lamentan por los reveses del destino.
La próxima jornada nos presenta un partido tremendo, esencial para que los rojiblancos crean en su valía, más allá de la juventud. La Ponferradina, un equipo veterano y ambicioso, visita el Ruta de la Plata. Duelo de clubes del viejo Reino de León.
Fotografías: Zamora CF















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.113