Eugenio-Jesús de Ávila
Domingo, 11 de Octubre de 2026
RES PÚBLICA

El voto de la razón y el voto religioso

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Todo ciudadano -en España, en Zamora, por lo tanto, hay muy pocos – debería votar con la razón, utilizar la inteligencia para rubricar, no votar, debido a la vigente Ley Electoral, al partido que, en virtud de sus acciones políticas, realizó una buena labor ya como gobierno, bien como oposición. En Europa, con democracias más estructuradas, las gentes votan de acuerdo a las gestiones de los gobernantes.

 

En España se elige con las vísceras, por tradición familiar y, sobre todo, por odio o, en su defecto, en contra de un partido u otro. Suelen ser excepción los que cambian de partido elección tras elección, como reconoce desde la prensa a los propios partidos cuando escriben o hablan de que los votantes de izquierdas o conservadores se abstendrán, como si ese voto fuera eternamente suyo, del PSOE o PP, por citar a los dos más generalistas. Poco importa que un líder se traicione a sí mismo, que haya prometido una serie de medidas políticas que, pasado el tiempo, incumple. Se le sigue votando porque es el mío. Se diría que el votante se comporta como el hincha de un club de fútbol al que nunca ve el penalti cometido en su área, pero percibe jugadas merecedoras de penas máximas en la del rival.

 

Los que no son de ningún partido votan más a favor que en contra. Se trataría de esos aficionados que asisten a un estadio porque les gusta el fútbol y premian al equipo que mejor juego ha realizado. Solo las personas sin contaminar por el odio, el partidismo visceral y el miedo, votan, rubrican, de acuerdo un análisis de las labores realizadas por un ejecutivo o la oposición. Si bien, las gobernanzas dejan más huellas para tomar decisiones más ecuánimes.

 

Si se le preguntase a un votante visceral por qué vota a un determinado partido, su respuesta resultaría escasamente convincente, porque sus argumentos nunca los construiría la inteligencia, sino que se hallarían trufados de asco, de odio, de inquina al contrario, al rival, la candidatura que más daño podría hacer al partido -al equipo- que guarda en su corazón.

 

Concluyo con una frase del San Pablo del comunismo, Vladimir Illich Ulianov, reflejada en su panfleto “El comunismo de izquierda”: "Este odio a los "políticos de clase" burgueses es verdaderamente el “principio de toda sabiduría”, la base de cualquier movimiento socialista y comunista y de su éxito".

 

Hitler argumentaba que las masas son movilizadas con mucha más fuerza por la aversión y la enemistad que por el afecto. Sostenía que “el odio es más duradero que el amor” y que la energía de un pueblo se canaliza mejor contra un enemigo común.

 

En España, se vota más, como dijo el genocida nacionalsocialista, por rencor, por encono, por rabia. La razón, el análisis y la justicia apenas cuentan para el vulgo, cuando se trata de meter la papeleta en la urna. Solo los inteligentes cambian su elección.

 

Finalmente, reflexión del filósofo español más profundo e influyente del último medio siglo, Fernando Savater: “Las personas que no cambian nunca, que pasan por la vida sin cambiar y que presumen de que piensan lo mismo que cuando tenían 18 años, en realidad no piensan, ni con 18 ni ahora. Se le metía una idea en la cabeza, como una mosca que se queda zumbando dentro, y la confunde con una idea. Pero era una mosca. Han perdido por completo el sentido racional de la política y lo han convertido en un asunto religioso»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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