IEZ FLORIÁN D'OCAMPO
"Corona Leonesa 1072”, el mundo de Vellido Dolfos
Francisco Iglesias Carreño
Del Instituto de Estudios Zamoranos Florián D´Ocampo
Todos estos años atrás, en la imagen de las leonesas murallas de Zamora, tras el cauce del río Duero, con el paréntesis del cierre de “Los Pelambres” dos años, hemos estado los de ahora (que somos de aquí y de allá), y otros que no están, algunos de forma reciente, a los cuales añoramos, en la reivindicación amplia de Vellido Dolfos, o sea: no solo y exclusivamente de su persona, también de sus circunstancias y de su entorno convivencial, en lo que pueda alcanzar, desde nuestra no profesionalidad en la materia histórica (salvo algunos cursos/simposios/seminarios/conferencias amén de debates, de las diferentes épocas históricas), y haciéndolo al solo y singular mérito de ciudadano lector y/o de indagador particular de nuestras raíces, en la medida/forma/manera en que ello lo situamos, dentro de la esfera de nuestras sagas familiares predecesoras, como un proceder propio de un acto de ciudadanía.
En el año 1072, puede que, en forma noticiable asentada, Vellido Dolfos anduviera por el inicio de la madurez. Es perfectamente posible e históricamente coherente que, en 1072, Vellido Dolfos (cuyo nombre histórico documentado es Vellite Adaúlfiz), tuviera una edad cercana a los 29 o 30 años, y está plenamente demostrado, a lo que hemos cotejado, que era un hombre casado y con familia. Este factor de estar casado y además con descendencia, rara vez se ha usado, dando la impresión, ¡o más que la impresión!, que ello hacía decaer el `otro relato preparado´ que ya estaba programado y que, en algún modo, urgía propalar.
Es más, y siguiendo con lo anterior, casi da la sensación de una contradicción con la jerga que se ha utilizado contra él y los de su entorno (en aquello de no salarse nadie), cuasi de irresponsable y/o alocado. Parece que, según los registros de la Corona Leonesa recopilados por instituciones como la Real Academia de la Historia, Vellido Dolfos estaba casado con una noble llamada María. Tuvieron descendencia; de hecho, se conoce el nombre de uno de sus hijos, Pelayo Vellítiz, quien posteriormente desempeñó cargos de relevancia en la zona de la ciudad de Zamora y la Tierra de Campos.
Su edad en 1072, en nuestra estimación particular, es un punto que puede ser importante para el acercamiento a su figura. Los historiadores sitúan sus primeras apariciones documentales en la corte de Fernando I (que era de origen navarro) y la Reina doña Sancha I de León a mediados del siglo XI. Diversas investigaciones históricas estiman su nacimiento en torno al año 1037 ( o acaso 1035), lo que significa que durante el [famoso] Cerco de Zamora en 1072 tendría unos 33 o 34 años, o una cifra muy cercana a los 29 años (en una horquilla entre 29 y 34 años) y que encaja, con el perfil de su tiempo, en un caballero: (1º) Maduro, (2º) Asentado y (3º) Responsable, con obligaciones gradualmente van como: [1ª] Familiares, [2ª] Patrimoniales y [3ª] Políticas . Por tanto, la imagen de Vellido Dolfos como un hombre de familia y en plena juventud madura (en torno a la treintena) se ajusta mucho mejor a la realidad del personaje histórico que al inventado mito literario del traidor solitario o personaje lúgubre y/o aislado.
Vellido Dolfos procedía de la nobleza de la Corona Leonesa (lo cual nos impone otra perimetración que ahora no manejamos), con posesiones y arraigo familiar en “La Tierra de Campos” y el área cercana a Zamora y Toro. Algunas crónicas tradicionales y cantares de gesta, también sugieren que su familia o linaje primitivo, de su ascendencia, pudo tener un origen gallego. El oficial trato al personaje, dispensado ampliamente desde el inicio de la centralidad contemporánea, ha hecho que pocos lugares lo reclamen como origen de su procedencia y linaje.
Los datos clave sobre su: [1º] Ascendencia, [2º] Procedencia y [3º] Llegada a Zamora, nos hablan de su origen territorial y/o saga, así como de varios de los lugares donde interacciono, tal que los documentos de la época sitúan sus heredades en Tierra de Campos, un territorio muy ligado al espacio político y señorial de la Corona Leonesa (situación que queda obscurecida en muchos relatos). De la existencia de un activo vínculo local o de proximidad a la aristocracia leonesa que apoyaba a la infanta doña Urraca en la defensa de la ciudad [de Zamora] durante el [famoso] cerco de 1072 y que antes del explícito suceso histórico formaba parte del círculo de defensores acantonados dentro de la propia plaza sitiada.
Nunca se indica, en la serie de relatos que hemos cotejado, que los defensores de la ciudad leonesa de Zamora, tenían la presunción y/o información plausible, algún servicio de inteligencia debía funcionar en aquella época, de que iban a ser atacados por la Corona Castellana y que, en atención a ello, de forma organizada, se aprestaron a tal contingencia. Tras la batalla de Golpejera (11-1-1072), puede que una parte del ejército restante de Alfonso VI, viniera directamente a Zamora y que otros, desde la urbe de León de `la autocoronación´ [12-1-1072] de Sancho II (por la negación del Obispo Pelayo a realizar tal acto), hicieran lo mismo.
Es históricamente plausible que las propiedades territoriales del caballero leonés Vellido Adolfo, compartieran lindes o proximidad con los dominios del Conde Ansúrez (Pedro Ansúrez [1037-1188], que ejerció la Jefatura de la Casa de los Beni- Gómez tras 1059). Esta coincidencia se sostiene sobre varios pilares de la geografía y la aristocracia de la segunda mitad del siglo XI. Así, desde el sustrato histórico real, tenemos que aunque la figura de Vellido Dolfos se popularizó enormemente en el romancero por la muerte de Sancho II en el Cerco de Zamora (1072), los documentos históricos reales acreditan la existencia de un noble en el entorno leonés bajo el nombre de Vellit Adulfiz desde el año 1057. Las crónicas históricas le atribuyen el control y señorío sobre amplios territorios en la zona septentrional de Zamora y el suroeste de León.
Pudiera ser que nos encontrásemos ante lo que fue una `comarca compartida´. El apelativo "de Campos" ( que viene unido a “la visigoticidad ”), sitúa el foco en la vasta e histórica ecorregión de Tierra de Campos [-.- “La Tierra de los Campos Góticos” -.-], una llanura que abarca amplias zonas de cuatro actuales provincias ( desde 1833, pero que antes, en el `Acien Regimen´, era todo tierra leonesa). Precisamente, el área norteña de Zamora adyacente a León (donde constan posesiones de la familia de Vellido Dolfos) se solapan de lleno con este territorio. No olvidemos que poblaciones como Villalpando pertenecían, en aquel entonces. a la Diócesis de León.
Llegados a este punto tenemos que destacar el papel mandatario y/o hegemónico del Conde Ansúrez. Pedro Ansúrez fue el noble predilecto del rey Alfonso VI (-.- el gran beneficiado por El Cerco de Zamora -.-) y uno de los magnates más poderosos de la época. Sus principales dominios se concentraban en Carrión de los Condes (Palencia) y en las ahora zonas vallisoletanas de Tierra de Campos, extendiendo su influencia política y patrimonial de forma directa por toda la submeseta norte. Dado que ambos eran destacados nobles leoneses contemporáneos con extensas propiedades feudales e intereses territoriales concurrentes en la extensión de la llanura de Tierra de Campos, la colindancia o delimitación fronteriza entre sus tierras no sólo era factible, sino muy probable dentro del mapa de repartos de la nobleza del siglo XI.
Resulta que con lo relativo a “El Cerco de Zamora”, nos vamos hacia el este, para situar unos asentamientos espaciales nobiliarios, más que probables, que nos conducen a lo que pudiera ser el fondo del problema (amén de la interpretación de “El Grial/Cáliz” traído a Zamora por Dª. Urraca Fernández, que a priori no tiene porque ser descartado), sobre los varios porqués del enfrentamiento de “lo leonés” contra “lo castellano”, cuál es el siempre tema, trascendente e importante, de “las lindes”, o sea “la amojonación” perimetral, entre “lo leonés” y “lo castellano” que, de forma indudable, transciende hacia varios campos de la cultura y de la antropología.
De siempre, antes de las batallas de Llantada (19-7-1068) y Golpejera (11-1-1072), entre la Corona Leonesa y la Corona Castellana, “la linde” de separación de ambas, entre “lo leonés” y “lo castellano” [-.- se hace importante recalcar, y hacerlo ya, ¡y ahora!, que esa tal linde no dependía del nombre de una ciudad ni tampoco, en aquellos momentos medievales, se asociaba a algo parecido a una provincialización contemporánea determinada que es muy posterior -.-] , era el cauce del Río Pisuerga, y posiblemente el Río Trabancos, con otras consideraciones a tener en cuenta, tras su desembocadura en el río Duero, hacia el sur. Lo cual induce a concluir que tras el 7-10-1072, guste o no guste a algunos, volvemos atrás, hacia la delimitación que era: [1ª] Precisa y [2ª] Preciada, sobre los “kilómetros cuadrados usurpados” para “recuperar la linde de separación”.
Los narradores medievales de “El Cerco” [de Zamora], nos hablan de varias cosas, pero de los lindes entre “lo leones” y “lo castellano”, no se les acerca ningún tipo de explicación y/o esclarecimiento.
Tras el fallecimiento de Sancho II de Castilla, anda muy entretenidos los propaladores negacionista contra Vellido Dolfos (y todo lo que suena a Corona Leonesa) con la supuesta y/o pretendida configuración de ‘Santa Gadea’, con filosofamientos que tan pronto son ora históricos u como, ¡y a renglón seguido!, ora literarios, incluso con mezcolanza de ambos, que si para arriba o que si para abajo, pero no dicen “ni pío”, ¡y en ello fijémonos bien!, sobre “las lindes”, o sea, en y con la obligada de “la restauración de las mismas”, tal que al Este del Pisuerga está el espacio de la Diócesis de Burgos y al de acá, o sea al oeste, están las diócesis leonesas. ¿Cuáles eran las tales diócesis leonesas en 1072? Las de Salamanca, Zamora, Astorga y León.
Fijémonos en la situación de los narradores de “El Cerco” [de Zamora], donde asoma, a lo que hasta ahora hemos colegido, que ninguno de ellos indica nada, ¡absolutamente nada!, sobre el restablecimiento de los lindes entre “lo leonés” y “lo castellano”, cuando pudiera ser que ello fuese la primera, ¡ y hasta más mediata decisión!, de las conclusiones a las que llegar. Dentro de la exultante obviedad de que, el día 7-10-1072, alguien pierde (¿Corona Castellana?) y alguien gana (¿Corona Leonesa?). Así como de que, en su continuación histórica más próxima, lo que parece que si prosigue es el Regnum Imperium Legionensis. Los especialistas en la materia nos podrían abundar sobre esa situación, ya que marca una consolidación antropológica que se inicia sobre 1035 y se prolonga hasta 1250. O sea, y con este enfoque (y sin olvido de otros), estamos hablando de 215 años.
Tras el histórico Cerco de Zamora de 1072, la muerte del rey Sancho II de Castilla y la posterior unificación de las coronas bajo el mando de Alfonso VI de León, la inestabilidad militar en la zona fronteriza del Duero se redujo drásticamente. Esto permitió a los nobles leoneses, con posesiones entre Zamora y el río Pisuerga (la región conocida históricamente como Campos Góticos o Tierra de Campos), retomar la plena explotación económica y el control efectivo de sus tierras, las cuales habían quedado debilitadas o en disputas debido a la guerra, en principio fratricida, entre la Corona Leonesa y la Corona Castellana.
Bajo “el nuevo reinado” de Alfonso VI, esta zona estratégica [de 90 km x 220 km] vivió un periodo clave gracias a las siguientes dinámicas: [1ª] La estabilización de la frontera es un logro tras 1072. Al desaparecer el conflicto dinástico interno, los nobles pudieron concentrarse en la gestión de sus señoríos sin el temor constante a las incursiones o confiscaciones derivadas de la guerra. [2ª] Repoblación y ordenamiento: Se impulsó la llegada de nuevos pobladores para reactivar la agricultura y la ganadería, actividades esenciales en las llanuras del Pisuerga y los valles zamoranos. [3ª] Consolidación del poder nobiliario y eclesiástico: Grandes linajes y monasterios de la zona (vinculados a la Corona Leonesa en el “El Infantazgo”) fortalecieron sus dominios territoriales y sus redes de vasallaje gracias a los fueros y privilegios otorgados por la nueva administración real. O sea que lo de “El Cerco de Zamora” no fue en vano y tuvo su gran repercusión, y no solo y exclusivamente es la acción singular de Vellido Dolfos.
No existe un registro histórico o literario exacto, o que no lo hemos encontrado en nuestra ciudadana acción lectora, que cite textualmente que Vellido Dolfos y Ansúrez Fernández (haciendo alusión al linaje del conde Pedro Ansúrez), tuvieran como función oficial «mantener la línea divisoria». Sin embargo, en el contexto de “El Cerco” [de Zamora (1072)] y la división del reino de Fernando I, ambos personajes pertenecieron a la facción leonesa que defendió: [1ª] La soberanía y [2ª] Las fronteras de León frente al expansionismo de Sancho II de Castilla.
A nivel histórico y estratégico, se pueden trazar, desde nuestra opción lectora ciudadana que es no profesional, los siguientes puntos clave sobre su relación con la división territorial:
{1ª} La división del reino: El rey Fernando I el Magno dividió sus territorios entre sus hijos (Sancho recibió Castilla; Alfonso, León; y doña Urraca, la plaza fortificada de Zamora, además de García a Galicia y Elvira a Toro). Sancho II de Castilla no respetó este reparto e intentó unificar los reinos por la fuerza, rompiendo la «línea divisoria del Río Pisuerga» establecida por su padre.
{2ª} El papel de Vellido Dolfos: De acuerdo con los cantares de gesta y las crónicas medievales, Vellido Dolfos mató al rey Sancho II junto a las murallas de Zamora. Con este acto se levantó el cerco de la ciudad, frenando la `anexión castellana´ y permitiendo que Alfonso VI recuperara el trono leonés, salvaguardando así la integridad de sus fronteras.
{3ª} El linaje de los Ansúrez: El conde Pedro Ansúrez fue el principal vasallo, consejero y hombre de confianza de Alfonso VI de León. La documentación de la época vincula históricamente el sustrato real de Vellido Dolfos (Vellit Adulfiz) por lazos de parentesco y cercanía nobiliaria con el entorno aristocrático de la Casa de los Beni Gómez y el propio conde Ansúrez (ostentando la Jefatura de la Casa, actuando en bloque para sostener la soberanía.
Vellido Dolfos y el conde Pedro Ansúrez desempeñaron papeles cruciales en el convulso período de 1072, cuando el rey Alfonso VI de León luchaba por recuperar su trono frente a su hermano, el rey Sancho II de Castilla. Aunque ambos operaron en frentes completamente diferentes, sus acciones, en plena convergencia, terminaron salvando la vida política de Alfonso VI y aseguraron la defensa del bando leonés.
Las trayectorias y aportaciones de ambos personajes durante este conflicto se podrían estructurar de la siguiente manera:
{1ª}. Vellido Dolfos: El fin del cerco de Zamora
Vellido Dolfos era un noble leonés estrechamente emparentado con la estirpe aristocrática que defendía el territorio leonés en Zamora.
(1º) El contexto: Sancho II de Castilla había derrotado a su hermano Alfonso VI en la batalla de Golpejera, forzándolo al exilio en Toledo. El único bastión de resistencia que le quedaba al bando leonés era la ciudad de Zamora, gobernada por la infanta Doña Urraca (hermana de ambos). Sancho II, por ello, sitió la ciudad.
(2º) La acción decisiva el engaño estratégico: El 7-10-1072, ante una Zamora extenuada por el asedio, con un cerco de más de siete meses, Vellido Dolfos salió de las murallas y se presentó ante el campamento de la Corona Castellana (que ahora nos indican como situado en el margen izquierdo del Rio Duero) del rey Sancho II, parece que fingiendo desertar al campamento castellano. Se ganó la confianza de Sancho II prometiéndole mostrar las partes más vulnerables de la muralla y entre ellas la de un portillo secreto (ubicado en el margen derecho del Río Duero, antiguo cauce del Rio Val Deraduey) para asaltar la fortaleza. Lo cual, y en principio, supuso vadear el propio Río Duero para tal desplazamiento Cuando se quedaron a solas, Dolfos mató al rey Sancho II con su propio venablo y huyó a caballo de regreso a la ciudad a través del [`célebre´] Portillo de la Lealtad, donde se refugió.
(3º)El impacto: La muerte de Sancho II rompió inmediatamente el cerco de Zamora y desarticuló, en un tiempo prudencial, al ejército castellano. Esto despejó el camino para que, con el oportuno aviso de lo acontecido, Alfonso VI regresara de su exilio y reclamará sus derechos (que eran sobre las Coronas unificadas: Leonesa, Castellana y Galllega. O sea todo el espacio territorial anterior de la Reina Sancha I de León y de su esposo Fernando I.
(4º)La doble narrativa: Tenemos por una parte que: [1ª] Para la historiografía tradicional castellana, Vellido quedó fijado en los cantares como el arquetipo del traidor infame. Y por otro lado que: [2ª] Para la perspectiva global leonesa (donde se incluye la zamorana), fue un héroe leal que: [1ª] Recurrió a su valor, [2ª] Plasmo el desarrollo de una estrategia, [3ª] Fue emprendedor siendo activo consecuente, como única vía para salvar a su pueblo (`el Pueblo de la Corona Leonesa´) del sometimiento foráneo por parte de la Corona de Castilla.
{2ª}. Pedro Ansúrez: La lealtad en el exilio y la retaguardia.
El conde Pedro Ansúrez, miembro de la influyente familia Beni Gómez, fue el hombre de máxima confianza y maestro de armas de Alfonso VI. Su defensa del rey no se dio en las murallas de Zamora, sino en la protección personal y política del monarca derrotado.
[1º] Acompañamiento en el exilio: Tras la derrota en Golpejera, Ansúrez no abandonó a su señor. Acompañó a Alfonso VI a su destierro en la corte de la taifa de Toledo, bajo la protección del rey Almamún. Durante este exilio, actuó como el principal consejero y diplomático del monarca leonés en la sombra. [2º] Vínculo familiar con Dolfos: De acuerdo con las investigaciones de la Real Academia de la Historia, existe una estrecha vinculación de parentesco entre las estirpes de Vellido Dolfos y el conde Pedro Ansúrez. Esto refuerza la teoría de que la resistencia de Zamora podría formar parte de una estrategia coordinada por la alta aristocracia leonesa fiel a Alfonso VI.
Ahora estamos en el año 2026, y con los años pasados desde 1072, las interpretaciones sobre “El Cerco” [de Zamora], y tras las acciones desde 1968 y siguientes años de un grupo de zamoranos, han ido tomando otros caminos explicativos que no se ajustan, en modo alguno, al argumentarismo oficial y hasta oficiante, donde el papel de los sitiados en Zamora era el de claudicar de su defensa y no oponerse a los imperativos actos de la Corona Castellana sobre ella. Es más, se presentan sus actos como una reacción lógica/natural/humana de la equi-potenciación de todo el espacio territorial de la Corona Leonesa, dando el protagonismo correspondiente a cada lugar y en todos los lugares de la misma, en aras de la potenciación constitucional de sus cuatro regionalidades históricas [extremeña, leonesa, gallega y asturiana].
Vellido Dolfos ya no es solo un referente del pasado, ¡glorioso pasado!, y si, ¡y también!, un aliciente mancomunado de cara al futuro.
VALORIO 11-10-2026
Francisco Iglesias Carreño
Del Instituto de Estudios Zamoranos Florián D´Ocampo
Todos estos años atrás, en la imagen de las leonesas murallas de Zamora, tras el cauce del río Duero, con el paréntesis del cierre de “Los Pelambres” dos años, hemos estado los de ahora (que somos de aquí y de allá), y otros que no están, algunos de forma reciente, a los cuales añoramos, en la reivindicación amplia de Vellido Dolfos, o sea: no solo y exclusivamente de su persona, también de sus circunstancias y de su entorno convivencial, en lo que pueda alcanzar, desde nuestra no profesionalidad en la materia histórica (salvo algunos cursos/simposios/seminarios/conferencias amén de debates, de las diferentes épocas históricas), y haciéndolo al solo y singular mérito de ciudadano lector y/o de indagador particular de nuestras raíces, en la medida/forma/manera en que ello lo situamos, dentro de la esfera de nuestras sagas familiares predecesoras, como un proceder propio de un acto de ciudadanía.
En el año 1072, puede que, en forma noticiable asentada, Vellido Dolfos anduviera por el inicio de la madurez. Es perfectamente posible e históricamente coherente que, en 1072, Vellido Dolfos (cuyo nombre histórico documentado es Vellite Adaúlfiz), tuviera una edad cercana a los 29 o 30 años, y está plenamente demostrado, a lo que hemos cotejado, que era un hombre casado y con familia. Este factor de estar casado y además con descendencia, rara vez se ha usado, dando la impresión, ¡o más que la impresión!, que ello hacía decaer el `otro relato preparado´ que ya estaba programado y que, en algún modo, urgía propalar.
Es más, y siguiendo con lo anterior, casi da la sensación de una contradicción con la jerga que se ha utilizado contra él y los de su entorno (en aquello de no salarse nadie), cuasi de irresponsable y/o alocado. Parece que, según los registros de la Corona Leonesa recopilados por instituciones como la Real Academia de la Historia, Vellido Dolfos estaba casado con una noble llamada María. Tuvieron descendencia; de hecho, se conoce el nombre de uno de sus hijos, Pelayo Vellítiz, quien posteriormente desempeñó cargos de relevancia en la zona de la ciudad de Zamora y la Tierra de Campos.
Su edad en 1072, en nuestra estimación particular, es un punto que puede ser importante para el acercamiento a su figura. Los historiadores sitúan sus primeras apariciones documentales en la corte de Fernando I (que era de origen navarro) y la Reina doña Sancha I de León a mediados del siglo XI. Diversas investigaciones históricas estiman su nacimiento en torno al año 1037 ( o acaso 1035), lo que significa que durante el [famoso] Cerco de Zamora en 1072 tendría unos 33 o 34 años, o una cifra muy cercana a los 29 años (en una horquilla entre 29 y 34 años) y que encaja, con el perfil de su tiempo, en un caballero: (1º) Maduro, (2º) Asentado y (3º) Responsable, con obligaciones gradualmente van como: [1ª] Familiares, [2ª] Patrimoniales y [3ª] Políticas . Por tanto, la imagen de Vellido Dolfos como un hombre de familia y en plena juventud madura (en torno a la treintena) se ajusta mucho mejor a la realidad del personaje histórico que al inventado mito literario del traidor solitario o personaje lúgubre y/o aislado.
Vellido Dolfos procedía de la nobleza de la Corona Leonesa (lo cual nos impone otra perimetración que ahora no manejamos), con posesiones y arraigo familiar en “La Tierra de Campos” y el área cercana a Zamora y Toro. Algunas crónicas tradicionales y cantares de gesta, también sugieren que su familia o linaje primitivo, de su ascendencia, pudo tener un origen gallego. El oficial trato al personaje, dispensado ampliamente desde el inicio de la centralidad contemporánea, ha hecho que pocos lugares lo reclamen como origen de su procedencia y linaje.
Los datos clave sobre su: [1º] Ascendencia, [2º] Procedencia y [3º] Llegada a Zamora, nos hablan de su origen territorial y/o saga, así como de varios de los lugares donde interacciono, tal que los documentos de la época sitúan sus heredades en Tierra de Campos, un territorio muy ligado al espacio político y señorial de la Corona Leonesa (situación que queda obscurecida en muchos relatos). De la existencia de un activo vínculo local o de proximidad a la aristocracia leonesa que apoyaba a la infanta doña Urraca en la defensa de la ciudad [de Zamora] durante el [famoso] cerco de 1072 y que antes del explícito suceso histórico formaba parte del círculo de defensores acantonados dentro de la propia plaza sitiada.
Nunca se indica, en la serie de relatos que hemos cotejado, que los defensores de la ciudad leonesa de Zamora, tenían la presunción y/o información plausible, algún servicio de inteligencia debía funcionar en aquella época, de que iban a ser atacados por la Corona Castellana y que, en atención a ello, de forma organizada, se aprestaron a tal contingencia. Tras la batalla de Golpejera (11-1-1072), puede que una parte del ejército restante de Alfonso VI, viniera directamente a Zamora y que otros, desde la urbe de León de `la autocoronación´ [12-1-1072] de Sancho II (por la negación del Obispo Pelayo a realizar tal acto), hicieran lo mismo.
Es históricamente plausible que las propiedades territoriales del caballero leonés Vellido Adolfo, compartieran lindes o proximidad con los dominios del Conde Ansúrez (Pedro Ansúrez [1037-1188], que ejerció la Jefatura de la Casa de los Beni- Gómez tras 1059). Esta coincidencia se sostiene sobre varios pilares de la geografía y la aristocracia de la segunda mitad del siglo XI. Así, desde el sustrato histórico real, tenemos que aunque la figura de Vellido Dolfos se popularizó enormemente en el romancero por la muerte de Sancho II en el Cerco de Zamora (1072), los documentos históricos reales acreditan la existencia de un noble en el entorno leonés bajo el nombre de Vellit Adulfiz desde el año 1057. Las crónicas históricas le atribuyen el control y señorío sobre amplios territorios en la zona septentrional de Zamora y el suroeste de León.
Pudiera ser que nos encontrásemos ante lo que fue una `comarca compartida´. El apelativo "de Campos" ( que viene unido a “la visigoticidad ”), sitúa el foco en la vasta e histórica ecorregión de Tierra de Campos [-.- “La Tierra de los Campos Góticos” -.-], una llanura que abarca amplias zonas de cuatro actuales provincias ( desde 1833, pero que antes, en el `Acien Regimen´, era todo tierra leonesa). Precisamente, el área norteña de Zamora adyacente a León (donde constan posesiones de la familia de Vellido Dolfos) se solapan de lleno con este territorio. No olvidemos que poblaciones como Villalpando pertenecían, en aquel entonces. a la Diócesis de León.
Llegados a este punto tenemos que destacar el papel mandatario y/o hegemónico del Conde Ansúrez. Pedro Ansúrez fue el noble predilecto del rey Alfonso VI (-.- el gran beneficiado por El Cerco de Zamora -.-) y uno de los magnates más poderosos de la época. Sus principales dominios se concentraban en Carrión de los Condes (Palencia) y en las ahora zonas vallisoletanas de Tierra de Campos, extendiendo su influencia política y patrimonial de forma directa por toda la submeseta norte. Dado que ambos eran destacados nobles leoneses contemporáneos con extensas propiedades feudales e intereses territoriales concurrentes en la extensión de la llanura de Tierra de Campos, la colindancia o delimitación fronteriza entre sus tierras no sólo era factible, sino muy probable dentro del mapa de repartos de la nobleza del siglo XI.
Resulta que con lo relativo a “El Cerco de Zamora”, nos vamos hacia el este, para situar unos asentamientos espaciales nobiliarios, más que probables, que nos conducen a lo que pudiera ser el fondo del problema (amén de la interpretación de “El Grial/Cáliz” traído a Zamora por Dª. Urraca Fernández, que a priori no tiene porque ser descartado), sobre los varios porqués del enfrentamiento de “lo leonés” contra “lo castellano”, cuál es el siempre tema, trascendente e importante, de “las lindes”, o sea “la amojonación” perimetral, entre “lo leonés” y “lo castellano” que, de forma indudable, transciende hacia varios campos de la cultura y de la antropología.
De siempre, antes de las batallas de Llantada (19-7-1068) y Golpejera (11-1-1072), entre la Corona Leonesa y la Corona Castellana, “la linde” de separación de ambas, entre “lo leonés” y “lo castellano” [-.- se hace importante recalcar, y hacerlo ya, ¡y ahora!, que esa tal linde no dependía del nombre de una ciudad ni tampoco, en aquellos momentos medievales, se asociaba a algo parecido a una provincialización contemporánea determinada que es muy posterior -.-] , era el cauce del Río Pisuerga, y posiblemente el Río Trabancos, con otras consideraciones a tener en cuenta, tras su desembocadura en el río Duero, hacia el sur. Lo cual induce a concluir que tras el 7-10-1072, guste o no guste a algunos, volvemos atrás, hacia la delimitación que era: [1ª] Precisa y [2ª] Preciada, sobre los “kilómetros cuadrados usurpados” para “recuperar la linde de separación”.
Los narradores medievales de “El Cerco” [de Zamora], nos hablan de varias cosas, pero de los lindes entre “lo leones” y “lo castellano”, no se les acerca ningún tipo de explicación y/o esclarecimiento.
Tras el fallecimiento de Sancho II de Castilla, anda muy entretenidos los propaladores negacionista contra Vellido Dolfos (y todo lo que suena a Corona Leonesa) con la supuesta y/o pretendida configuración de ‘Santa Gadea’, con filosofamientos que tan pronto son ora históricos u como, ¡y a renglón seguido!, ora literarios, incluso con mezcolanza de ambos, que si para arriba o que si para abajo, pero no dicen “ni pío”, ¡y en ello fijémonos bien!, sobre “las lindes”, o sea, en y con la obligada de “la restauración de las mismas”, tal que al Este del Pisuerga está el espacio de la Diócesis de Burgos y al de acá, o sea al oeste, están las diócesis leonesas. ¿Cuáles eran las tales diócesis leonesas en 1072? Las de Salamanca, Zamora, Astorga y León.
Fijémonos en la situación de los narradores de “El Cerco” [de Zamora], donde asoma, a lo que hasta ahora hemos colegido, que ninguno de ellos indica nada, ¡absolutamente nada!, sobre el restablecimiento de los lindes entre “lo leonés” y “lo castellano”, cuando pudiera ser que ello fuese la primera, ¡ y hasta más mediata decisión!, de las conclusiones a las que llegar. Dentro de la exultante obviedad de que, el día 7-10-1072, alguien pierde (¿Corona Castellana?) y alguien gana (¿Corona Leonesa?). Así como de que, en su continuación histórica más próxima, lo que parece que si prosigue es el Regnum Imperium Legionensis. Los especialistas en la materia nos podrían abundar sobre esa situación, ya que marca una consolidación antropológica que se inicia sobre 1035 y se prolonga hasta 1250. O sea, y con este enfoque (y sin olvido de otros), estamos hablando de 215 años.
Tras el histórico Cerco de Zamora de 1072, la muerte del rey Sancho II de Castilla y la posterior unificación de las coronas bajo el mando de Alfonso VI de León, la inestabilidad militar en la zona fronteriza del Duero se redujo drásticamente. Esto permitió a los nobles leoneses, con posesiones entre Zamora y el río Pisuerga (la región conocida históricamente como Campos Góticos o Tierra de Campos), retomar la plena explotación económica y el control efectivo de sus tierras, las cuales habían quedado debilitadas o en disputas debido a la guerra, en principio fratricida, entre la Corona Leonesa y la Corona Castellana.
Bajo “el nuevo reinado” de Alfonso VI, esta zona estratégica [de 90 km x 220 km] vivió un periodo clave gracias a las siguientes dinámicas: [1ª] La estabilización de la frontera es un logro tras 1072. Al desaparecer el conflicto dinástico interno, los nobles pudieron concentrarse en la gestión de sus señoríos sin el temor constante a las incursiones o confiscaciones derivadas de la guerra. [2ª] Repoblación y ordenamiento: Se impulsó la llegada de nuevos pobladores para reactivar la agricultura y la ganadería, actividades esenciales en las llanuras del Pisuerga y los valles zamoranos. [3ª] Consolidación del poder nobiliario y eclesiástico: Grandes linajes y monasterios de la zona (vinculados a la Corona Leonesa en el “El Infantazgo”) fortalecieron sus dominios territoriales y sus redes de vasallaje gracias a los fueros y privilegios otorgados por la nueva administración real. O sea que lo de “El Cerco de Zamora” no fue en vano y tuvo su gran repercusión, y no solo y exclusivamente es la acción singular de Vellido Dolfos.
No existe un registro histórico o literario exacto, o que no lo hemos encontrado en nuestra ciudadana acción lectora, que cite textualmente que Vellido Dolfos y Ansúrez Fernández (haciendo alusión al linaje del conde Pedro Ansúrez), tuvieran como función oficial «mantener la línea divisoria». Sin embargo, en el contexto de “El Cerco” [de Zamora (1072)] y la división del reino de Fernando I, ambos personajes pertenecieron a la facción leonesa que defendió: [1ª] La soberanía y [2ª] Las fronteras de León frente al expansionismo de Sancho II de Castilla.
A nivel histórico y estratégico, se pueden trazar, desde nuestra opción lectora ciudadana que es no profesional, los siguientes puntos clave sobre su relación con la división territorial:
{1ª} La división del reino: El rey Fernando I el Magno dividió sus territorios entre sus hijos (Sancho recibió Castilla; Alfonso, León; y doña Urraca, la plaza fortificada de Zamora, además de García a Galicia y Elvira a Toro). Sancho II de Castilla no respetó este reparto e intentó unificar los reinos por la fuerza, rompiendo la «línea divisoria del Río Pisuerga» establecida por su padre.
{2ª} El papel de Vellido Dolfos: De acuerdo con los cantares de gesta y las crónicas medievales, Vellido Dolfos mató al rey Sancho II junto a las murallas de Zamora. Con este acto se levantó el cerco de la ciudad, frenando la `anexión castellana´ y permitiendo que Alfonso VI recuperara el trono leonés, salvaguardando así la integridad de sus fronteras.
{3ª} El linaje de los Ansúrez: El conde Pedro Ansúrez fue el principal vasallo, consejero y hombre de confianza de Alfonso VI de León. La documentación de la época vincula históricamente el sustrato real de Vellido Dolfos (Vellit Adulfiz) por lazos de parentesco y cercanía nobiliaria con el entorno aristocrático de la Casa de los Beni Gómez y el propio conde Ansúrez (ostentando la Jefatura de la Casa, actuando en bloque para sostener la soberanía.
Vellido Dolfos y el conde Pedro Ansúrez desempeñaron papeles cruciales en el convulso período de 1072, cuando el rey Alfonso VI de León luchaba por recuperar su trono frente a su hermano, el rey Sancho II de Castilla. Aunque ambos operaron en frentes completamente diferentes, sus acciones, en plena convergencia, terminaron salvando la vida política de Alfonso VI y aseguraron la defensa del bando leonés.
Las trayectorias y aportaciones de ambos personajes durante este conflicto se podrían estructurar de la siguiente manera:
{1ª}. Vellido Dolfos: El fin del cerco de Zamora
Vellido Dolfos era un noble leonés estrechamente emparentado con la estirpe aristocrática que defendía el territorio leonés en Zamora.
(1º) El contexto: Sancho II de Castilla había derrotado a su hermano Alfonso VI en la batalla de Golpejera, forzándolo al exilio en Toledo. El único bastión de resistencia que le quedaba al bando leonés era la ciudad de Zamora, gobernada por la infanta Doña Urraca (hermana de ambos). Sancho II, por ello, sitió la ciudad.
(2º) La acción decisiva el engaño estratégico: El 7-10-1072, ante una Zamora extenuada por el asedio, con un cerco de más de siete meses, Vellido Dolfos salió de las murallas y se presentó ante el campamento de la Corona Castellana (que ahora nos indican como situado en el margen izquierdo del Rio Duero) del rey Sancho II, parece que fingiendo desertar al campamento castellano. Se ganó la confianza de Sancho II prometiéndole mostrar las partes más vulnerables de la muralla y entre ellas la de un portillo secreto (ubicado en el margen derecho del Río Duero, antiguo cauce del Rio Val Deraduey) para asaltar la fortaleza. Lo cual, y en principio, supuso vadear el propio Río Duero para tal desplazamiento Cuando se quedaron a solas, Dolfos mató al rey Sancho II con su propio venablo y huyó a caballo de regreso a la ciudad a través del [`célebre´] Portillo de la Lealtad, donde se refugió.
(3º)El impacto: La muerte de Sancho II rompió inmediatamente el cerco de Zamora y desarticuló, en un tiempo prudencial, al ejército castellano. Esto despejó el camino para que, con el oportuno aviso de lo acontecido, Alfonso VI regresara de su exilio y reclamará sus derechos (que eran sobre las Coronas unificadas: Leonesa, Castellana y Galllega. O sea todo el espacio territorial anterior de la Reina Sancha I de León y de su esposo Fernando I.
(4º)La doble narrativa: Tenemos por una parte que: [1ª] Para la historiografía tradicional castellana, Vellido quedó fijado en los cantares como el arquetipo del traidor infame. Y por otro lado que: [2ª] Para la perspectiva global leonesa (donde se incluye la zamorana), fue un héroe leal que: [1ª] Recurrió a su valor, [2ª] Plasmo el desarrollo de una estrategia, [3ª] Fue emprendedor siendo activo consecuente, como única vía para salvar a su pueblo (`el Pueblo de la Corona Leonesa´) del sometimiento foráneo por parte de la Corona de Castilla.
{2ª}. Pedro Ansúrez: La lealtad en el exilio y la retaguardia.
El conde Pedro Ansúrez, miembro de la influyente familia Beni Gómez, fue el hombre de máxima confianza y maestro de armas de Alfonso VI. Su defensa del rey no se dio en las murallas de Zamora, sino en la protección personal y política del monarca derrotado.
[1º] Acompañamiento en el exilio: Tras la derrota en Golpejera, Ansúrez no abandonó a su señor. Acompañó a Alfonso VI a su destierro en la corte de la taifa de Toledo, bajo la protección del rey Almamún. Durante este exilio, actuó como el principal consejero y diplomático del monarca leonés en la sombra. [2º] Vínculo familiar con Dolfos: De acuerdo con las investigaciones de la Real Academia de la Historia, existe una estrecha vinculación de parentesco entre las estirpes de Vellido Dolfos y el conde Pedro Ansúrez. Esto refuerza la teoría de que la resistencia de Zamora podría formar parte de una estrategia coordinada por la alta aristocracia leonesa fiel a Alfonso VI.
Ahora estamos en el año 2026, y con los años pasados desde 1072, las interpretaciones sobre “El Cerco” [de Zamora], y tras las acciones desde 1968 y siguientes años de un grupo de zamoranos, han ido tomando otros caminos explicativos que no se ajustan, en modo alguno, al argumentarismo oficial y hasta oficiante, donde el papel de los sitiados en Zamora era el de claudicar de su defensa y no oponerse a los imperativos actos de la Corona Castellana sobre ella. Es más, se presentan sus actos como una reacción lógica/natural/humana de la equi-potenciación de todo el espacio territorial de la Corona Leonesa, dando el protagonismo correspondiente a cada lugar y en todos los lugares de la misma, en aras de la potenciación constitucional de sus cuatro regionalidades históricas [extremeña, leonesa, gallega y asturiana].
Vellido Dolfos ya no es solo un referente del pasado, ¡glorioso pasado!, y si, ¡y también!, un aliciente mancomunado de cara al futuro.
VALORIO 11-10-2026
















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