DENUNCIA
La pasarela de la estación, entre la suciedad y el abandono
Más de la mitad de las luminarias están apagadas o han desaparecido, hay cables rematados con cinta aislante, suciedad acumulada y parte de la barandilla está rota
Hay obras que envejecen con el paso de los años y otras a las que se deja envejecer. La pasarela peatonal que cruza las vías de la estación de Zamora, entre Antón de Centenera y la carretera de Villalpando, parece encontrarse entre estas últimas.
Se inauguró el 20 de septiembre de 2017 tras una inversión superior a 1,5 millones de euros. Sus 317 metros permitieron comunicar los barrios situados a ambos lados de las vías y facilitar los desplazamientos hacia los hospitales y el campus universitario. Nueve años después, su estado dista bastante del que cabría esperar de una infraestructura relativamente reciente.
Más de la mitad de las luminarias están apagadas o, sencillamente, ya no están. En algunos puntos donde deberían encontrarse solo quedan los cables, rematados con cinta aislante. A ello se suma parte de la barandilla rota y suciedad acumulada en distintos rincones del recorrido y, sobre todo, en la zona de acceso desde la carretera de Villalpando.
De día el deterioro resulta evidente. De noche, además, se convierte en un problema. Atravesar más de trescientos metros sobre las vías con buena parte de la iluminación fuera de servicio no ofrece precisamente sensación de seguridad.
Y los problemas de esta pasarela vienen de lejos. Poco después de su inauguración ya aparecieron los primeros encharcamientos sobre el tablero por la deficiente evacuación del agua, una situación especialmente peligrosa durante las heladas. El problema acabó obligando a actuar a Adif, que en abril de 2021 cerró el paso durante once días para mejorar el drenaje mediante la colocación de planchas metálicas perforadas.
También viene de entonces el desencuentro sobre su conservación. Adif construyó la infraestructura y el Ayuntamiento se negó en su momento a recibirla mientras no se corrigieran determinadas deficiencias. Si nueve años después todavía queda algo por aclarar respecto a quién corresponde su mantenimiento, tiempo ha habido más que suficiente para hacerlo.
Al ciudadano que utiliza la pasarela le importa bastante poco dónde termina la responsabilidad de una administración y comienza la de otra. Lo que ve son luminarias apagadas, otras que han desaparecido dejando los cables encintados, una barandilla deteriorada y suciedad que se acumula sin que nadie parezca darse demasiada prisa en retirarla.
No hacen falta grandes obras ni nuevos proyectos. Hace falta algo bastante más sencillo: limpiar, reparar la barandilla, revisar la instalación eléctrica y devolver la iluminación a todo el recorrido. Más de 1,5 millones de euros sirvieron para construir esta pasarela. Conservarla no debería resultar más difícil que construirla.

Hay obras que envejecen con el paso de los años y otras a las que se deja envejecer. La pasarela peatonal que cruza las vías de la estación de Zamora, entre Antón de Centenera y la carretera de Villalpando, parece encontrarse entre estas últimas.
Se inauguró el 20 de septiembre de 2017 tras una inversión superior a 1,5 millones de euros. Sus 317 metros permitieron comunicar los barrios situados a ambos lados de las vías y facilitar los desplazamientos hacia los hospitales y el campus universitario. Nueve años después, su estado dista bastante del que cabría esperar de una infraestructura relativamente reciente.
Más de la mitad de las luminarias están apagadas o, sencillamente, ya no están. En algunos puntos donde deberían encontrarse solo quedan los cables, rematados con cinta aislante. A ello se suma parte de la barandilla rota y suciedad acumulada en distintos rincones del recorrido y, sobre todo, en la zona de acceso desde la carretera de Villalpando.
De día el deterioro resulta evidente. De noche, además, se convierte en un problema. Atravesar más de trescientos metros sobre las vías con buena parte de la iluminación fuera de servicio no ofrece precisamente sensación de seguridad.
Y los problemas de esta pasarela vienen de lejos. Poco después de su inauguración ya aparecieron los primeros encharcamientos sobre el tablero por la deficiente evacuación del agua, una situación especialmente peligrosa durante las heladas. El problema acabó obligando a actuar a Adif, que en abril de 2021 cerró el paso durante once días para mejorar el drenaje mediante la colocación de planchas metálicas perforadas.
También viene de entonces el desencuentro sobre su conservación. Adif construyó la infraestructura y el Ayuntamiento se negó en su momento a recibirla mientras no se corrigieran determinadas deficiencias. Si nueve años después todavía queda algo por aclarar respecto a quién corresponde su mantenimiento, tiempo ha habido más que suficiente para hacerlo.
Al ciudadano que utiliza la pasarela le importa bastante poco dónde termina la responsabilidad de una administración y comienza la de otra. Lo que ve son luminarias apagadas, otras que han desaparecido dejando los cables encintados, una barandilla deteriorada y suciedad que se acumula sin que nadie parezca darse demasiada prisa en retirarla.
No hacen falta grandes obras ni nuevos proyectos. Hace falta algo bastante más sencillo: limpiar, reparar la barandilla, revisar la instalación eléctrica y devolver la iluminación a todo el recorrido. Más de 1,5 millones de euros sirvieron para construir esta pasarela. Conservarla no debería resultar más difícil que construirla.















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