EMBELLECER ZAMORA
Propuestas a los partidos políticos para embellecer el parque del Castillo
Eugenio-Jesús de Ávila
Poco a poco, los políticos zamoranos, de casi todos los partidos, porque siempre hay excepciones, se han ido convenciendo que el turismo cultural, el de espectáculos y también el de la naturaleza contribuye a potenciar el producto interior bruto de la capital y de la provincia, a desarrollar la economía de Zamora.
Mandato tras mandato, desde Antonio Vázquez, pasando por Rosa Valdeón y los doce años últimos de Francisco Guarido, en solitario o en coalición con PSOE, la ciudad ha ido recuperando parte de su patrimonio monumental. Verbigracia: las murallas de la avenida de la Feria han visto la luz, aunque todavía resten lienzos por recuperar su libertad, y solo se hayan solidificado, sin atender a la recuperación estética; el Castillo también adquirió una imagen desconocida, no obstante, habría que ejecutar una segunda reforma, y una veintena de templo románicos recobraron su belleza tras una sensible restauración y una limpieza de sillares y entorno. Y el Puente de Piedra, la mayor joya de la arquitectura civil protogótica, recuperó sus pretiles originales. Todavía espero, como Antonio Machado en sus Consejos, dentro de las Parábolas, porque todo el que aguarda sabe que la victoria es suya, que antes de que me vengan a buscar las tres parcas, contemple el viaducto Románico con sus dos impresionantes torres. Loadas sean acciones políticas relacionadas con nuestra historia.
Todos estos proyectos aportaron nuevos atractivos a la ciudad del Romancero, más allá de la Semana Santa o las ediciones de Fromago. Pero, como uno de mis defectos, también considerado virtud en algunas circunstancias, consiste en el inconformismo, quiero más para la ciudad del alma, deseo que las gentes, zamoranos como yo, que gobiernen la Casa de las Panaderas, atiendan mis sugerencias. El hombre propone y Dios -los políticos- dispone. No se trata de nuevas incorporaciones a mi bagaje de ideas de cómo embellecer Zamora, sino de enfatizar proyectos y juicios. Voy a ello. Perdóneseme mi candidez, pero quizá alguna formación política recoja mis convicciones estéticas.
Inicio mi recorrido por un espacio muy visitado por turistas y por los propios zamoranos: el parque del Castillo, desde hace algunos años, de Baltasar Lobo. Pretendo que se cree allí, en esas parte nobilísima y medieval de Zamora, un sistema de fuentes que atraigan a las gentes, que causen admiración, que den un toque lirico, poético, a todo el entorno. Un modelo a imitar, por ejemplo, el de La Alhambra. La belleza de la sencillez, el recreo de la hermosura, la sinfonía del agua. Ese reto se lo brindo a todos los partidos políticos. Se trata de un proyecto trasversal, que izquierdas y derechas pueden hacer suyo.
Y como una de las salidas del parque se realizar a través de la Puerta de la Lealtad insistiré en crear una escalinata, con granito de Sayago, que alcancé hasta El Sillón de la Reina. Los flujos de escorrentía convierten el tránsito en imposible para zamoranos y turistas.
No he querido entrar en la polémica, intelectual y política, abierta sobre la ubicación del futuro Museo de Baltasar Lobo, si atender al proyecto de Moneo en el Castillo o obviarlo. El próximo equipo de gobierno municipal podrá ignorar la decisión del actual o atender la del gran arquitecto español. Si yo fuera regidor de nuestra ciudad, propondría un referéndum sobre tan importante resolución cultural.
En venideros artículos, escribiré sobre otros espacios, plazas, bulevares, avenidas, y patrimonio monumental de nuestra bella ancianita, la ciudad del alma, la Zamora de todos.
Eugenio-Jesús de Ávila
Poco a poco, los políticos zamoranos, de casi todos los partidos, porque siempre hay excepciones, se han ido convenciendo que el turismo cultural, el de espectáculos y también el de la naturaleza contribuye a potenciar el producto interior bruto de la capital y de la provincia, a desarrollar la economía de Zamora.
Mandato tras mandato, desde Antonio Vázquez, pasando por Rosa Valdeón y los doce años últimos de Francisco Guarido, en solitario o en coalición con PSOE, la ciudad ha ido recuperando parte de su patrimonio monumental. Verbigracia: las murallas de la avenida de la Feria han visto la luz, aunque todavía resten lienzos por recuperar su libertad, y solo se hayan solidificado, sin atender a la recuperación estética; el Castillo también adquirió una imagen desconocida, no obstante, habría que ejecutar una segunda reforma, y una veintena de templo románicos recobraron su belleza tras una sensible restauración y una limpieza de sillares y entorno. Y el Puente de Piedra, la mayor joya de la arquitectura civil protogótica, recuperó sus pretiles originales. Todavía espero, como Antonio Machado en sus Consejos, dentro de las Parábolas, porque todo el que aguarda sabe que la victoria es suya, que antes de que me vengan a buscar las tres parcas, contemple el viaducto Románico con sus dos impresionantes torres. Loadas sean acciones políticas relacionadas con nuestra historia.
Todos estos proyectos aportaron nuevos atractivos a la ciudad del Romancero, más allá de la Semana Santa o las ediciones de Fromago. Pero, como uno de mis defectos, también considerado virtud en algunas circunstancias, consiste en el inconformismo, quiero más para la ciudad del alma, deseo que las gentes, zamoranos como yo, que gobiernen la Casa de las Panaderas, atiendan mis sugerencias. El hombre propone y Dios -los políticos- dispone. No se trata de nuevas incorporaciones a mi bagaje de ideas de cómo embellecer Zamora, sino de enfatizar proyectos y juicios. Voy a ello. Perdóneseme mi candidez, pero quizá alguna formación política recoja mis convicciones estéticas.
Inicio mi recorrido por un espacio muy visitado por turistas y por los propios zamoranos: el parque del Castillo, desde hace algunos años, de Baltasar Lobo. Pretendo que se cree allí, en esas parte nobilísima y medieval de Zamora, un sistema de fuentes que atraigan a las gentes, que causen admiración, que den un toque lirico, poético, a todo el entorno. Un modelo a imitar, por ejemplo, el de La Alhambra. La belleza de la sencillez, el recreo de la hermosura, la sinfonía del agua. Ese reto se lo brindo a todos los partidos políticos. Se trata de un proyecto trasversal, que izquierdas y derechas pueden hacer suyo.
Y como una de las salidas del parque se realizar a través de la Puerta de la Lealtad insistiré en crear una escalinata, con granito de Sayago, que alcancé hasta El Sillón de la Reina. Los flujos de escorrentía convierten el tránsito en imposible para zamoranos y turistas.
No he querido entrar en la polémica, intelectual y política, abierta sobre la ubicación del futuro Museo de Baltasar Lobo, si atender al proyecto de Moneo en el Castillo o obviarlo. El próximo equipo de gobierno municipal podrá ignorar la decisión del actual o atender la del gran arquitecto español. Si yo fuera regidor de nuestra ciudad, propondría un referéndum sobre tan importante resolución cultural.
En venideros artículos, escribiré sobre otros espacios, plazas, bulevares, avenidas, y patrimonio monumental de nuestra bella ancianita, la ciudad del alma, la Zamora de todos.















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