EMBELLECER ZAMORA
Transformaciones necesarias del espacio urbano desde la Plaza Mayor a la Catedral
Eugenio-Jesús de Ávila
Si ayer escribí sobre cómo potenciar el parque de Baltasar Lobo, pidiendo también una segunda restauración del Castillo y construir una escalinata que dé salida y entrada por la Puerta de la Lealtad, hoy seguiré caminando con palabras por el casco antiguo. Urge, después de tantos y tantos mandatos municipales, acabar con los solares, imagen impropia de una ciudad que quiere vivir también del turismo cultural. Esos terrenos tendrían que ser edificados, dedicados a la vivienda pública, tan demandada ahora.
He insistido en la errónea elección del tipo de calzada elegido, que abarca todas las calles, rúas y plazuelas desde la Plaza Mayor hasta la Catedral. Esos cantos, más baratos que las baldosas de granito, impiden al viandante, hombres y mujeres, caminar con comodidad, porque, en cualquier momento, aparecen tropiezos y potenciales esguinces. El próximo equipo de gobierno, tanto si repite la coalición socialcomunista como si hay gobierno conservador, tendría que abordar este problema, que no me parece menor.
La plaza de Viriato merece un nuevo pavimento, porque es imposible cruzarla sin molestias, sin incomodidad. Tampoco le vendría mal una fuente acorde a los edificios que la circundan.
Y me planto en la Plaza Mayor, para mí, opinión, por supuesto, subjetiva, más fea de una capital de provincia. Prefería la de las casas con soportales, adosadas a la torre, fachada oriental, de la iglesia de San Juan. Le sugiero al nuevo regidor que plantee un concurso de ideas para transformarla. Andrés Luis Calvo, en su primer mandato, nada más iniciarlo, intentó ese cambio, incluso un arquitecto realizó un proyecto sobre esa nueva ágora central de la ciudad del Romancero. Dediqué varios artículos al respecto. Tampoco me gustan las enormes baldosas que cubren el suelo de la Plaza Mayor.
Sin salir de ese espacio, hay un edificio, del que siguen desprendiéndose materiales, porque se halla deshabitado desde hace décadas, construido en 1917, que podría ser adquirido por el propio Ayuntamiento para dedicarlo a oficinas municipales. La inversión se amortizaría en no mucho tiempo, con el ahorro del alquiler del que fuera Centro Médico. También, si bajamos por Fabriciano Cid a derecha e izquierda, aparecen otras casas en un estado lamentable, como abandonadas, que ofrecen una imagen deplorable del corazón de Zamora. Solo sirven, salvo excepciones, como destino de diferentes cartelerías.
Y la propia Casa de las Panaderas merecería, como sede del poder municipal, de una limpieza profunda de todos sus sillares. Da una lastimosa imagen. No recuerdo, durante todo el periodo democrático, ni tampoco en el franquismo, un aseo intenso de las paredes de nuestro Ayuntamiento.
Se hace necesario, pues, un segundo plan de restauración del casco antiguo, desde la Plaza Mayor hasta la plaza de la Seo. Desde el primer mandato de Vázquez hasta este fin de 2026 -ya son años- no se han conocido nuevas acciones que buscasen mejorar la zona noble de la ciudad del alma.
Eugenio-Jesús de Ávila
Si ayer escribí sobre cómo potenciar el parque de Baltasar Lobo, pidiendo también una segunda restauración del Castillo y construir una escalinata que dé salida y entrada por la Puerta de la Lealtad, hoy seguiré caminando con palabras por el casco antiguo. Urge, después de tantos y tantos mandatos municipales, acabar con los solares, imagen impropia de una ciudad que quiere vivir también del turismo cultural. Esos terrenos tendrían que ser edificados, dedicados a la vivienda pública, tan demandada ahora.
He insistido en la errónea elección del tipo de calzada elegido, que abarca todas las calles, rúas y plazuelas desde la Plaza Mayor hasta la Catedral. Esos cantos, más baratos que las baldosas de granito, impiden al viandante, hombres y mujeres, caminar con comodidad, porque, en cualquier momento, aparecen tropiezos y potenciales esguinces. El próximo equipo de gobierno, tanto si repite la coalición socialcomunista como si hay gobierno conservador, tendría que abordar este problema, que no me parece menor.
La plaza de Viriato merece un nuevo pavimento, porque es imposible cruzarla sin molestias, sin incomodidad. Tampoco le vendría mal una fuente acorde a los edificios que la circundan.
Y me planto en la Plaza Mayor, para mí, opinión, por supuesto, subjetiva, más fea de una capital de provincia. Prefería la de las casas con soportales, adosadas a la torre, fachada oriental, de la iglesia de San Juan. Le sugiero al nuevo regidor que plantee un concurso de ideas para transformarla. Andrés Luis Calvo, en su primer mandato, nada más iniciarlo, intentó ese cambio, incluso un arquitecto realizó un proyecto sobre esa nueva ágora central de la ciudad del Romancero. Dediqué varios artículos al respecto. Tampoco me gustan las enormes baldosas que cubren el suelo de la Plaza Mayor.
Sin salir de ese espacio, hay un edificio, del que siguen desprendiéndose materiales, porque se halla deshabitado desde hace décadas, construido en 1917, que podría ser adquirido por el propio Ayuntamiento para dedicarlo a oficinas municipales. La inversión se amortizaría en no mucho tiempo, con el ahorro del alquiler del que fuera Centro Médico. También, si bajamos por Fabriciano Cid a derecha e izquierda, aparecen otras casas en un estado lamentable, como abandonadas, que ofrecen una imagen deplorable del corazón de Zamora. Solo sirven, salvo excepciones, como destino de diferentes cartelerías.
Y la propia Casa de las Panaderas merecería, como sede del poder municipal, de una limpieza profunda de todos sus sillares. Da una lastimosa imagen. No recuerdo, durante todo el periodo democrático, ni tampoco en el franquismo, un aseo intenso de las paredes de nuestro Ayuntamiento.
Se hace necesario, pues, un segundo plan de restauración del casco antiguo, desde la Plaza Mayor hasta la plaza de la Seo. Desde el primer mandato de Vázquez hasta este fin de 2026 -ya son años- no se han conocido nuevas acciones que buscasen mejorar la zona noble de la ciudad del alma.















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