DANZA
Llega a Zamora la obra Edén, una inmersión en la “Divina Comedia” a través de la danza
La compañía caraBdanza representará esta impresionante producción el próximo 25 de octubre en el Teatro Ramos Carrión
La compañía profesional caraBdanza, dirigida por el coreógrafo Gonzalo Díaz, vuelve a la ciudad de Zamora con su nueva creación escénica: EDÉN. La obra, concebida como un viaje poético y sensorial inspirado en el clásico de la literatura “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, se adentra en los espacios simbólicos del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso para proponer una travesía interior hacia la belleza, la plenitud y la paz. CaraBdanza propone una lectura actualizada del poema, entendiendo el viaje dantesco como un proceso de autoconocimiento, resistencia y esperanza a través del movimiento y la danza. La obra se representará el próximo domingo 25 de octubre en el teatro Ramos Carrión de Zamora.
Un diálogo entre danza y literatura universal
Con EDÉN, caraBdanza continúa su línea de investigación artística uniendo danza contemporánea, dramaturgia y grandes referentes de la cultura universal. En esta ocasión la compañía se sumerge en uno de los pilares de la literatura mundial: el poema alegórico que Dante escribió hace más de seis siglos y que, aún hoy, mantiene intacta su capacidad de inspirar pensamiento, arte y emoción.
“Con EDÉN hemos querido bucear en la obra de Dante y buscar las claves para hallar, tal vez crear, ese paraíso anhelado a nuestro alrededor. La danza bebe de la poesía, del texto, y crea su propio viaje del Infierno al Paraíso en esa travesía hacia nuestro interior, hacia la belleza”, afirma Gonzalo Díaz, director y coreógrafo de la compañía. Con esta obra y de la mano de Virgilio y Beatriz recorreremos la hermosura de este mundo que nos rodea y la posibilidad de dejar, tras nuestro paso, un legado mejor para el futuro.
La dramaturgia de esta composición de danza, firmada por Gonzalo Díaz y Raúl Chacón, construye una lectura contemporánea de la obra dantesca, transformando los tres “reinos” en estados emocionales y psicológicos que el cuerpo de los bailarines encarna y despliega mediante un lenguaje de movimiento y expresividad.
Un viaje a los tres paisajes del alma. Descenso a los Infiernos
La obra se abre con un descenso al infierno personal de Dante, un territorio donde habitan el miedo, la culpa y la confusión. En este espacio oscuro, poblado de sombras y caídas, el protagonista se enfrenta a su propio desgarro interior. Un Virgilio simbólico —la razón, la claridad— surge para acompañarlo en su tránsito hacia un nuevo estado. La coreografía construye un paisaje de tensión física, repetición y lucha en el que los bailarines encarnan los impulsos contradictorios que desgarran al ser humano.
Un purgatorio reflexivo
La escena se transforma en un purgatorio blanco y nebuloso donde los siete pecados capitales toman forma corporal. Aquí, la obra plantea una batalla interna, una lucha por la supervivencia emocional marcada por el agotamiento y la introspección. Dante observa cómo el tormento mental acelera los latidos, pero también cómo, a través de este enfrentamiento con uno mismo, surge la posibilidad de avanzar. Este purgatorio rompe deliberadamente la cuarta pared, acercando a los espectadores al conflicto interno que la danza encarna. La aparición de Beatriz, símbolo de la luz y la belleza trascendente, impulsa finalmente a Dante —y al público— hacia el último tramo del viaje.
Un paraíso de plenitud y armonía
La recta final del espectáculo despliega los nueve cielos del Paraíso. En este segmento, la coreografía abandona el peso terrenal y abraza la ligereza, la serenidad y la armonía. El dúo entre Dante y Beatriz se convierte en una metáfora de la unión entre lo humano y lo espiritual, entre lo que somos y lo que aspiramos a ser. Con movimientos más fluidos, amplios y luminosos, la pieza invita a encontrar un edén propio, un lugar de calma donde reconciliarse con uno mismo y con quienes nos rodean.
Música, escenografía y vestuario: un universo inmersivo
La experiencia del espectador se completa con la música original de Álex Aller, creada especialmente para la obra, envolvente y emocional, que guía el viaje interior desde las profundidades del infierno hasta la vibración celestial del paraíso; la escenografía de Miguel A. Castillo, que combina volúmenes, texturas y proyecciones capaces de transformar el escenario en espacios simbólicos de enorme potencia visual y el vestuario de Carmen Granell, concebido para potenciar la imagen poética del movimiento y generar imágenes evocadoras mediante la interacción con la luz y los cuerpos. El resultado es un espectáculo para sumergir al público en un tránsito emocional y estético pleno, donde cada elemento —música, cuerpo, luz, palabra— acompaña el proceso de transformación del protagonista.

La compañía profesional caraBdanza, dirigida por el coreógrafo Gonzalo Díaz, vuelve a la ciudad de Zamora con su nueva creación escénica: EDÉN. La obra, concebida como un viaje poético y sensorial inspirado en el clásico de la literatura “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, se adentra en los espacios simbólicos del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso para proponer una travesía interior hacia la belleza, la plenitud y la paz. CaraBdanza propone una lectura actualizada del poema, entendiendo el viaje dantesco como un proceso de autoconocimiento, resistencia y esperanza a través del movimiento y la danza. La obra se representará el próximo domingo 25 de octubre en el teatro Ramos Carrión de Zamora.
Un diálogo entre danza y literatura universal
Con EDÉN, caraBdanza continúa su línea de investigación artística uniendo danza contemporánea, dramaturgia y grandes referentes de la cultura universal. En esta ocasión la compañía se sumerge en uno de los pilares de la literatura mundial: el poema alegórico que Dante escribió hace más de seis siglos y que, aún hoy, mantiene intacta su capacidad de inspirar pensamiento, arte y emoción.
“Con EDÉN hemos querido bucear en la obra de Dante y buscar las claves para hallar, tal vez crear, ese paraíso anhelado a nuestro alrededor. La danza bebe de la poesía, del texto, y crea su propio viaje del Infierno al Paraíso en esa travesía hacia nuestro interior, hacia la belleza”, afirma Gonzalo Díaz, director y coreógrafo de la compañía. Con esta obra y de la mano de Virgilio y Beatriz recorreremos la hermosura de este mundo que nos rodea y la posibilidad de dejar, tras nuestro paso, un legado mejor para el futuro.
La dramaturgia de esta composición de danza, firmada por Gonzalo Díaz y Raúl Chacón, construye una lectura contemporánea de la obra dantesca, transformando los tres “reinos” en estados emocionales y psicológicos que el cuerpo de los bailarines encarna y despliega mediante un lenguaje de movimiento y expresividad.
Un viaje a los tres paisajes del alma. Descenso a los Infiernos
La obra se abre con un descenso al infierno personal de Dante, un territorio donde habitan el miedo, la culpa y la confusión. En este espacio oscuro, poblado de sombras y caídas, el protagonista se enfrenta a su propio desgarro interior. Un Virgilio simbólico —la razón, la claridad— surge para acompañarlo en su tránsito hacia un nuevo estado. La coreografía construye un paisaje de tensión física, repetición y lucha en el que los bailarines encarnan los impulsos contradictorios que desgarran al ser humano.
Un purgatorio reflexivo
La escena se transforma en un purgatorio blanco y nebuloso donde los siete pecados capitales toman forma corporal. Aquí, la obra plantea una batalla interna, una lucha por la supervivencia emocional marcada por el agotamiento y la introspección. Dante observa cómo el tormento mental acelera los latidos, pero también cómo, a través de este enfrentamiento con uno mismo, surge la posibilidad de avanzar. Este purgatorio rompe deliberadamente la cuarta pared, acercando a los espectadores al conflicto interno que la danza encarna. La aparición de Beatriz, símbolo de la luz y la belleza trascendente, impulsa finalmente a Dante —y al público— hacia el último tramo del viaje.
Un paraíso de plenitud y armonía
La recta final del espectáculo despliega los nueve cielos del Paraíso. En este segmento, la coreografía abandona el peso terrenal y abraza la ligereza, la serenidad y la armonía. El dúo entre Dante y Beatriz se convierte en una metáfora de la unión entre lo humano y lo espiritual, entre lo que somos y lo que aspiramos a ser. Con movimientos más fluidos, amplios y luminosos, la pieza invita a encontrar un edén propio, un lugar de calma donde reconciliarse con uno mismo y con quienes nos rodean.
Música, escenografía y vestuario: un universo inmersivo
La experiencia del espectador se completa con la música original de Álex Aller, creada especialmente para la obra, envolvente y emocional, que guía el viaje interior desde las profundidades del infierno hasta la vibración celestial del paraíso; la escenografía de Miguel A. Castillo, que combina volúmenes, texturas y proyecciones capaces de transformar el escenario en espacios simbólicos de enorme potencia visual y el vestuario de Carmen Granell, concebido para potenciar la imagen poética del movimiento y generar imágenes evocadoras mediante la interacción con la luz y los cuerpos. El resultado es un espectáculo para sumergir al público en un tránsito emocional y estético pleno, donde cada elemento —música, cuerpo, luz, palabra— acompaña el proceso de transformación del protagonista.















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