Mª Soledad Martín Turiño
Jueves, 29 de Octubre de 2026
ZAMORANA

Silencio complice

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Asistimos a un espectáculo bochornoso que se va extendiendo por algunos países del sur de la vieja Europa; jóvenes encapuchados, vestidos de negro para no ser reconocidos y actuar impunemente, asaltan comercios, destrozan mobiliario urbano, queman coches, pelean entre ellos y cargan contra la policía con una furia que se desata cada vez con más fuerza. Dicen que son los radicales de uno y otro lado del contexto político quienes agitan al personal y provocan este estado de caos que se autoalimenta, sin que las autoridades, pese a disponer de los medios necesarios, hagan nada por evitarlo. El gobierno observa impasible y se diría que incluso le cuesta condenar esta violencia. No se inmiscuyen para acabar con ella, pese a que varios portavoces de Policía Nacional y Guardia Civil insisten reiteradamente en que hacen falta más efectivos y que les doten de autoridad para llevar a cabo su trabajo. Lo reclamaron en Ceuta de forma insistente y el gobierno no hizo nada, lo hacen cada día ante este vandalismo extremo y siguen callados. Ni siquiera han sacado al ejército para acabar con el problema; vemos a un gobierno con su presidente que teme involucrarse ¿no será porque esta situación de caos puede beneficiarles electoralmente? Lo que sí es palpable y notorio es que son cómplices y responsables de esta situación.

 

Antes, los estudiantes, que eran los primeros en manifestarse ante una situación irregular de la sociedad, se manifestaban de otra manera, dejando claro su malestar y haciéndolo patente, pero sin llegar a estos disturbios tan violentos que estamos presenciando desde hace ya varios días, Los motivos que alegan: vivienda digna para todos, trabajo, educación... etc. son, desde luego, razonables, aunque pierden toda su credibilidad cuando atentan en muchos casos contra comercios y locales que son regentados también por trabajadores que posiblemente sufren los mismos problemas que ellos; sin embargo, a la hora de saquear sus tiendas, eso no lo tienen en cuenta.

 

He dicho muchas veces que necesitamos volver a las viejas formas de esa cultura tradicional que se basaba en principios y valores, la que enseñaron a nuestros padres y a muchos de nosotros desde las escuelas; y eso no significa dejar de protestar cuando las causas son justas, pero sí hacerlo en un marco de no violencia sin perturbar a la sociedad más de lo necesario.

 

Aquí, en España, las acampadas, promovidas y toleradas por el gobierno, han logrado un efecto rebote en diferentes capitales, pero ya no tienen sentido cuando poco se puede hacer para solucionar las situaciones que demandan, ya que estamos en un paréntesis, a la espera de una convocatoria electoral y saber quién va a salir elegido entre las urnas; una vez que se produzca este acontecimiento y haya un gobierno al frente, será a él a quien se pidan responsabilidades o se exija el cumplimiento de determinados derechos constitucionales que nos avalan y que durante muchos años se han obviado por parte del gobierno que nos representaba.

 

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