IDA Y VUELTA
Todos los santos
Laura Fernández Salvador
De un tiempo a esta parte la tradición del Día de Todos los Santos va quedando relegada ante la llegada de un Halloween exportado que llena nuestras calles de disfraces terroríficos y decoración tétrica. Una nueva fiesta que nuestros niños asumirán como propia y que nosotros mismos vamos acogiendo, sobre todo cuando hay menores a nuestro alrededor. Truco o trato, caramelos, sustos, y diversión en vez de llevar flores a los muertos, limpiar las tumbas e ir a misa. Que claro, si me hubieran dado a elegir a mí cuando era niña que tradición quería seguir es evidente la que hubiera escogido.
Pero para los que mamamos la otra, la de Todos los Santos, el poso nos queda. Y no solo esa huella del pasado, sino que muchos de nuestros familiares todavía sacan bayeta y estropajo y frotan sobre el mármol que cubre a los suyos mientras los cementerios se siguen llenando de flores.
En España, los Santos ha sido una fecha de recogimiento y recuerdo. Un día familiar, que se vivía con cierta tristeza contenida muchas veces acompañada por el mal tiempo propio del primero de noviembre, que parecía complementar a la perfección el sentir de la mayoría en esas fechas. Hasta eso parece que ha cambiado. Recuerdo llover a mares en el puente de Todos los Santos, y, sin embargo, sobre mi hija disfrazada de bruja, esqueleto o vampira no recuerdo que haya caído ni una sola gota. Pero es que los recuerdos también cambian con nuestros sentimientos.
Y en esta nueva era de contradicción estas dos maneras de sentir el santo puente son correctas, ¿por qué no? Yo adoro que mi hija no herede esta pena, y que no frote una lápida. Que se disfrace de lo que quiera y decore una calabaza. Y, es más, si tiene que recordar a los muertos que sea a la mexicana, con fiesta y color.
Pero mi yo nostálgica aun divisa a mi abuela frota que te frota, con un caldero y un estropajo sacando brillo a una sepultura.
Y llega el día de Todos los Santos y la recuerdo, pero con más amor que pena. Y todas las tradiciones que me lleven a ella, pues bienvenidas sean.
De un tiempo a esta parte la tradición del Día de Todos los Santos va quedando relegada ante la llegada de un Halloween exportado que llena nuestras calles de disfraces terroríficos y decoración tétrica. Una nueva fiesta que nuestros niños asumirán como propia y que nosotros mismos vamos acogiendo, sobre todo cuando hay menores a nuestro alrededor. Truco o trato, caramelos, sustos, y diversión en vez de llevar flores a los muertos, limpiar las tumbas e ir a misa. Que claro, si me hubieran dado a elegir a mí cuando era niña que tradición quería seguir es evidente la que hubiera escogido.
Pero para los que mamamos la otra, la de Todos los Santos, el poso nos queda. Y no solo esa huella del pasado, sino que muchos de nuestros familiares todavía sacan bayeta y estropajo y frotan sobre el mármol que cubre a los suyos mientras los cementerios se siguen llenando de flores.
En España, los Santos ha sido una fecha de recogimiento y recuerdo. Un día familiar, que se vivía con cierta tristeza contenida muchas veces acompañada por el mal tiempo propio del primero de noviembre, que parecía complementar a la perfección el sentir de la mayoría en esas fechas. Hasta eso parece que ha cambiado. Recuerdo llover a mares en el puente de Todos los Santos, y, sin embargo, sobre mi hija disfrazada de bruja, esqueleto o vampira no recuerdo que haya caído ni una sola gota. Pero es que los recuerdos también cambian con nuestros sentimientos.
Y en esta nueva era de contradicción estas dos maneras de sentir el santo puente son correctas, ¿por qué no? Yo adoro que mi hija no herede esta pena, y que no frote una lápida. Que se disfrace de lo que quiera y decore una calabaza. Y, es más, si tiene que recordar a los muertos que sea a la mexicana, con fiesta y color.
Pero mi yo nostálgica aun divisa a mi abuela frota que te frota, con un caldero y un estropajo sacando brillo a una sepultura.
Y llega el día de Todos los Santos y la recuerdo, pero con más amor que pena. Y todas las tradiciones que me lleven a ella, pues bienvenidas sean.



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.93