ZAMORANA
Víctimas innecesarias
![[Img #112498]](https://eldiadezamora.es/upload/images/10_2026/113_2969_5847_6329_687_sole-1.jpg)
Ante el horrible accidente ferroviario en Urda y las trágicas muertes que se han sucedido, me ha dado por preguntarme en qué situación se encontraría cada uno de esos fallecidos antes de subir al tren: ¿habrían dejado cosas pendientes?, ¿se habrían enfadado con compañeros, amigos o personas cercanas?, ¿habrían hecho promesas que pensaban cumplir?, ¿irían de buena gana u obligados camino de Andalucía porque allí les esperaba un trabajo, unas vacaciones, un acto al que asistir o una reunión que presidir?.
Me pregunto también, y ojalá así sea, si la muerte fue rápida e instantánea, sin darse cuenta de que estaban cruzando al otro lado, sin percibir dolor, sin ser conscientes de la tragedia de la que eran protagonistas, sin sentir nada más que un golpe pavoroso.
Me pregunto cuántas vidas se han quedado sin futuro, cuantos jóvenes con las ilusiones perdidas, cuantas personas anhelando disfrutar de una merecida tranquilidad, cuantos deseando ver a sus familias… y pienso en ellas, en las horas que han pasado de incertidumbre, sin noticias de sus seres queridos, sin saber si estaban vivos o muertos; en todos los recuerdos que vienen a la mente cuando cabe la posibilidad de perder a quien nos acompaña en la vida; cuando de pronto nos hacemos conscientes de que la existencia pende de un fino hilo que en cualquier momento puede romperse porque, remedando a Oscar Wilde: “a veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”.
En este recordatorio fugaz de preguntas sin respuesta, no puedo olvidar a las personas heridas cuyas secuelas psicológicas, y quizá también físicas, les acompañarán para siempre recordando aquel infausto día en que se subieron a un tren que solo debía transportarles de una ciudad a otra y no dejarles al borde de la muerte en medio del campo.
Hoy, ante la incredulidad de semejante tragedia en trenes de alta velocidad, la segunda que se produce en este año después de Adamuz en enero, computando entre las dos más de cien muertos, debería sonrojar al gobierno y obligarle a hacer una fuerte inversión destinada a la seguridad de los ciudadanos, para que las condiciones de todos los servicios públicos estén a la altura y no padezcamos estas situaciones tercermundistas que sonrojarían a cualquiera si no fuera porque la pena y la rabia nos ha conmocionado hasta el punto de que los españoles vamos a exigir que nuestros impuestos sirvan para eliminar las enormes carencias que sufrimos a diario en transportes, infraestructuras, educación, sanidad y un largo etc..
No podemos ni debemos olvidar estas tragedias con pérdida de vidas humanas que nunca debieron haberse producido; aunque somos conscientes de que dejarán de ser noticia pronto, cuando otra información sea más relevante para ocupar páginas en periódicos y en tertulias televisivas. Es cierto que quedará para siempre en el recuerdo de todos el número de víctimas siempre fatídico y elevado, demasiado elevado. ¡Ojalá sean las últimas!
![[Img #112498]](https://eldiadezamora.es/upload/images/10_2026/113_2969_5847_6329_687_sole-1.jpg)
Ante el horrible accidente ferroviario en Urda y las trágicas muertes que se han sucedido, me ha dado por preguntarme en qué situación se encontraría cada uno de esos fallecidos antes de subir al tren: ¿habrían dejado cosas pendientes?, ¿se habrían enfadado con compañeros, amigos o personas cercanas?, ¿habrían hecho promesas que pensaban cumplir?, ¿irían de buena gana u obligados camino de Andalucía porque allí les esperaba un trabajo, unas vacaciones, un acto al que asistir o una reunión que presidir?.
Me pregunto también, y ojalá así sea, si la muerte fue rápida e instantánea, sin darse cuenta de que estaban cruzando al otro lado, sin percibir dolor, sin ser conscientes de la tragedia de la que eran protagonistas, sin sentir nada más que un golpe pavoroso.
Me pregunto cuántas vidas se han quedado sin futuro, cuantos jóvenes con las ilusiones perdidas, cuantas personas anhelando disfrutar de una merecida tranquilidad, cuantos deseando ver a sus familias… y pienso en ellas, en las horas que han pasado de incertidumbre, sin noticias de sus seres queridos, sin saber si estaban vivos o muertos; en todos los recuerdos que vienen a la mente cuando cabe la posibilidad de perder a quien nos acompaña en la vida; cuando de pronto nos hacemos conscientes de que la existencia pende de un fino hilo que en cualquier momento puede romperse porque, remedando a Oscar Wilde: “a veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”.
En este recordatorio fugaz de preguntas sin respuesta, no puedo olvidar a las personas heridas cuyas secuelas psicológicas, y quizá también físicas, les acompañarán para siempre recordando aquel infausto día en que se subieron a un tren que solo debía transportarles de una ciudad a otra y no dejarles al borde de la muerte en medio del campo.
Hoy, ante la incredulidad de semejante tragedia en trenes de alta velocidad, la segunda que se produce en este año después de Adamuz en enero, computando entre las dos más de cien muertos, debería sonrojar al gobierno y obligarle a hacer una fuerte inversión destinada a la seguridad de los ciudadanos, para que las condiciones de todos los servicios públicos estén a la altura y no padezcamos estas situaciones tercermundistas que sonrojarían a cualquiera si no fuera porque la pena y la rabia nos ha conmocionado hasta el punto de que los españoles vamos a exigir que nuestros impuestos sirvan para eliminar las enormes carencias que sufrimos a diario en transportes, infraestructuras, educación, sanidad y un largo etc..
No podemos ni debemos olvidar estas tragedias con pérdida de vidas humanas que nunca debieron haberse producido; aunque somos conscientes de que dejarán de ser noticia pronto, cuando otra información sea más relevante para ocupar páginas en periódicos y en tertulias televisivas. Es cierto que quedará para siempre en el recuerdo de todos el número de víctimas siempre fatídico y elevado, demasiado elevado. ¡Ojalá sean las últimas!


















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