Francisco José Alonso Rodríguez
Sábado, 31 de Octubre de 2026
HOMENAJE

La Voz Libre del Ágora: Homenaje a Agustín García Calvo

Hablar de Agustín García Calvo (Granja de Moreruela, 1926 - Zamora, 2012) es adentrarse en los dominios de una de las conciencias más lúcidas, incólumes y heterodoxas de la España contemporánea. Filólogo riguroso, poeta de una hondura desgarradora, dramaturgo, traductor insigne y filósofo al margen de toda academia convencional, García Calvo dedicó su existencia a una tarea tan urgente como implacable: despertar al pueblo del sopor de la Realidad.

 

A través de su figura monumental se entrelazan la erudición clásica y la más radical rebeldía popular, dejando un legado que continúa desafiando las estructuras del Poder, el Estado y el Capital.

 

Un magisterio forjado en la disidencia y el saber. La trayectoria vital e intelectual de García Calvo estuvo marcada desde muy temprano por el rigor académico y la coherencia ética. Tras formarse en Filología Clásica en la Universidad de Salamanca —bajo la tutela de la primera promoción del maestro Antonio Tovar—, se doctoró en Madrid a los veintidós años con una tesis sobre Prosodia y métrica antiguas. Su magisterio pasó por las aulas de Zamora, Sevilla y la Universidad Complutense de Madrid, donde ocupó la cátedra de lenguas clásicas.

 

Sin embargo, su vocación pedagógica y su compromiso con la libertad entraron inevitablemente en colisión con el régimen franquista. En 1965, la dictadura lo separó de su cátedra —junto a figuras de la talla de Enrique Tierno Galván, José Luis López Aranguren y Santiago Montero Díaz— por prestar su apoyo activo a las protestas estudiantiles, provocando además la renuncia voluntaria de intelectuales como José María Valverde y Antonio Tovar.

 

Este exilio forzoso lo condujo a París, donde fue profesor en la Universidad de Lille y en el Collège de France, trabajó como traductor para la histórica editorial Ruedo Ibérico y coordinó una inolvidable tertulia política en el café La boule d'or del Barrio Latino. Restablecido en su cátedra en 1976 tras el fin de la dictadura, continuó enseñando hasta su jubilación como profesor emérito.

 

Pensamiento: Contra la Realidad y el Poder. El andamiaje filosófico de García Calvo, nutrido por lecturas presocráticas —especialmente Heráclito— y una profunda reflexión sobre el lenguaje, constituye una de las críticas más demoledoras contra las formas modernas de dominación.

 

Para el pensador zamorano, la Realidad no es el reflejo fiel de lo que hay, sino una construcción abstracta del Poder. Mediante esta ficción, las cosas vivas, impredecibles e infinitas son reducidas a ideas manejables. La gente es transformada en Individuos (sometidos a la exigencia de ser únicos y, a la vez, sumables en una masa numérica), cuyo destino es administrado por la Democracia y el Estado del Bienestar.

 

Frente a esta maquinaria, García Calvo reivindicaba «el pueblo»: aquello que queda de la gente por debajo de los individuos, los cabos sueltos de ocurrencias imprevisibles que escapan a todo plan o cálculo. Su combate abarcaba frentes tan cotidianos como lúcidos: desde la crítica frontal al automóvil como vehículo de aislamiento individual hasta la defensa del tren, pasando por su célebre oposición al lema oficial de «Hacienda somos todos» y su cercanía al movimiento 15-M.

 

Vivencias compartidas: El Ateneo de Madrid y la defensa de la libertad. Mi relación personal con Agustín García Calvo estuvo marcada profundamente por el paisanaje y, de manera muy especial, por los pasillos y salones del Ateneo de Madrid.

 

Durante más de veinticinco años tuve el honor de presidir la Agrupación de Debates Parlamentarios. Desde ese espacio, y aunque él no era socio de la institución en el sentido tradicional, tuve la ocasión de invitarlo reiteradamente a impartir conferencias en nuestra agrupación. Su verbo afilado y su capacidad para descolocar cualquier certeza oficial cautivaban de inmediato a los asistentes.

 

Con el tiempo, y ante la necesidad de ofrecerle un cobijo permanente para su magisterio, logramos propiciar el espacio idóneo para que todas las semanas impartiera sus legendarias clases magistrales en La Cacharrería, contando siempre con mi apoyo incondicional y el de quienes veíamos en su palabra un faro de lucidez indispensable.

 

Años más tarde, cuando la voracidad burocrática se abatió sobre él —concretamente, cuando fue sancionado por Hacienda con una multa considerable por no declarar una subvención destinada a rehabilitar la casa de sus padres—, un grupo de amigos y admiradores, entre los que me encontraba, nos ofrecimos a pagársela íntegramente. Aquel acto de solidaridad elemental, sin embargo, desató la incomprensión pública: recuerdo vivamente cómo una conocida periodista de Zamora me criticó duramente en los medios por salir en su auxilio frente a aquella injusticia fiscal, evidenciando la incomprensión que a menudo rodeaba a los espíritus libres frente a la implacable maquinaria del Estado.

 

Un legado inmortal. Agustín García Calvo falleció el 1 de noviembre de 2012 en su Zamora natal a causa de una insuficiencia cardíaca. Dejó tras de sí una obra monumental que abarca desde la filología y la lingüística general —con su trilogía Del lenguaje— hasta una poesía deslumbrante (Sermón de ser y no ser, Valorio 42 veces) y piezas dramáticas galardonadas, como Baraja del rey don Pedro.

 

Recordarlo hoy no es solo evocar al erudito que traducía los clásicos con una frescura desarmante, sino mantener viva la llama de un hombre bueno y libre que nos enseñó a dudar de todo lo establecido, a desconfiar del Poder y a buscar, en el uso común de las palabras, los resquicios de la auténtica vida. Su voz, habitante perenne de La Cacharrería y de nuestra memoria, sigue resonando como un conjuro contra el tiempo. Cuando recordamos el nocimiento hace 100 años, Zamora como siempre a sus hombres más Nobles e Ilustres no lo recuerda con una calle, Plaza o Estatua. Pero nunca dejo de querer y desear pasear por sus calles donde murió el 1 de noviembre de 2012. Agustín degastes un recuerdo imborrable entre tus amigos y paisanos.

 

Francisco José Alonso Rodrígurez. - Politólogo. - Sociólogo. - Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. - Centro de Estudios Ateneos. Socio del Ateneo desde enero 1980 aunque antes asistía a preparar en su Biblioteca los Cursos de Doctorado.

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