Navascués de Zubiría
Domingo, 01 de Noviembre de 2026
1ª RFEF

El Zamora CF regala tres goles para santificar al Fabril: (1-3)

Navascués de Zubiría

 

Perdóneseme que empieza esta crónica de una derrota con una pregunta que me formulo a mi mismo o, para ser más precisos, mi corazón se la dirige a mi cerebro: ¿Por qué perdido hoy el Zamora CF ante el Fabril, equipo más agresivo, más duro, menos fino que cualquier filial de la categoría? Pues voy a intentar responderme: porque obsequió al equipo gallego sus tres goles, inexplicables, merced a tres errores impropios de un equipo profesional; después, porque disparo 14 veces, tres mas que su rival, y solo marcó un gol de córner; y más, porque el árbitro, horrible, uno más, no quiso expulsar a un defensa blanquiazul por agarrar de la camiseta, siendo el último hombre, a Carbonell. Y poco más que decir.

 

Los rojiblancos no jugaron tan mal como piensa el aficionado del común, siempre más pendiente del resultado que del fútbol exhibido por su equipo. Se jugó por los extremos, se centro una y otra vez, pero, cuando se remató bien, el balón quiso besar los palos en dos ocasiones. Sin realizar un gran juego en la medular, porque ni Ramos ni Juanje brillaron, el Zamora tuvo la pelota y supo por dónde hacer daño al cuadro gallego. No obstante, Manuel Pablo, técnico blanquiazul, también conocía al Zamora y le planteó para defender una defensa adelantadísima mientras se negó a sacar la pelota jugada desde su defensa, porque sería su portero el que golpeara la pelota hacia sus delanteros para ver qué pasaba. No quiso problemas por jugar bonito.

 

 

Esta tarde noche, Cano regresó a defensa con cuatro hombres: dos centrales y dos laterales, en las personas de Luismi, Dufur, Guillem y Vergés. Los dos exteriores se preocuparían más de su faceta ofensiva que defensiva. Los ya mencionados en el centro del campo, con Pau Mascaró, como media punta; Fabián, en el extremo diestro; Carbonell, e Hidalgo, en la izquierda. Y sería el jugador vasco el que cometiera un error gravísimo en el minuto 5, al pasar, en horizontal una pelota desde la banda al centro del campo, que recogió Ferreiro para marcar desde larga distancia, aprovechando que Piedra pisaba césped lejos de su área.

 

Golpe muy duro, pero restaban 85 minutos, tiempo suficiente para superar a su joven rival. Tres minutos después, una contra del Zamora, que aprovechó el espacio que dejaba Fabril, dejaba a Carbonell a la par con un defensa. El ariete si iba del zaguero, que no tuvo otra que agarrar con ganas al rojiblanco. El árbitro pasó del asunto, pero tuvo que revisarla. Y no se desdijo. Fue acción para haber expulsado a un jugador gallego. Marcó el partido.

 

El Zamora, merced a la habilidad de Fabián y el apoyo de Guillem entraba por la banda derecha una y otra vez, con centros rasos o por arriba con mucho peligro. Hubo madera en alguna jugada, pero este equipo no está casado con la fortuna.

 

En una de las escasas acciones en ataque visitante, tiro al larguero. Respondió el Zamora con más madera. Y así concluía la primera mitad.

 

La segunda entrega se inició de la misma manera. Mando del Zamora buscando la espalda a la defensa rival. Hasta que otro error, de parvulito, de un hombre sobrio e infalible como Luismi dejaba solo a Gil para que marcase el segundo. Cada vez más complicado. Ni rezando a todos los santos aquello parecía remediable.

 

Sobre la hora de juego, Cano introduce sus primeros cambios: se fueron Hidalgo y Guillem y entraron Izan y Diego Moreno.

 

Y el Zamora se creció al castigo, percutiendo por ambas bandas, con un Vergés colosal y un Izan que notaba su larga ausencia. Se sucedían las acciones de peligro, con centros al área que acaban en saques de esquina. En uno de ellos, Ramos, desde la izquierda, lanza y Dufur, casi en la línea de gol, acaricia la pelota que se introduce en la puerta de Ríos. La remontada parecía posible. Quedaban 20 minutos y la prolongación.

 

Pero en pleno mando del Zamora, se produce el tercero de los obsequios, generado en un saque de banda que después de una serie de errores consecutivos acaba en poder de Martín Ochoa que, dentro del área, bate a Piedra.

 

Y, hasta el final correr y más correr, pero ya con un equipo muy acelerado y con futbolistas que querían jugar como si fueran dibujos animados para marcar el segundo tanto.

 

Insisto en que el Zamora jugó al ataque como mandan los cánones. Debordó, tiro 14 veces, solo marcó un tanto en fútbol estático, y su portero, Iker Piedra, no tuvo que intervenir nunca, mientras su colega gallego lo hizo en seis ocasiones. Pero, por enésima vez en esta temporada, regaló la victoria a un equipo que nunca quiso jugar de cara y que prefirió balones en largo y aprovechar las ocasiones que le brindó la escuadra rojiblanca.

 

No es cuestión de sistemas, ni que el Zamora CF juegue mal. Conoce el secreto del buen fútbol, pero en el Día de Todos los Santos, los rojiblancos se consagraron a la bondad con el contrario. Santidad que viene demostrando en el Ruta de la Plata, donde solo ha sumado una victoria.

Fotografía: Esteban Pedrosa

 

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