REFLEXIONES EN EL TIEMPO
Zamora, camino de convertirse en el paraíso ecológico español del S. XXI
Eugenio-Jesús de Ávila
Convencido estoy que, de aquí a una década, nuestra provincia será la geografía más pura de España, con el cielo más azul, con la lluvia más dulce y serena, con el agua más clara, siempre que Iberdrola no la evapore, y el oxígeno más delicioso, ese que acaricia los bronquios cuando se respira. No habrá apenas industria, solo de transformación de materias primas; muy pocos agricultores y ganaderos y ya próximos a la jubilación; no nacerán niños, tampoco gente joven paseará por nuestras rúas, calles y avenidas, preparada para marcharse para siempre y volver en Navidad y Semana Santa, cual liturgia.
Los zamoranos, que ya somos mayores, conformistas y tocados por esa apatía antropológica, no queremos cambios, ni proyectos tan avanzados como el Centro de Datos, ni industrias que contaminen nuestro cielo, manchen nuestras aguas y maten nuestra flora y fauna. Pasamos de una inversión de 4.600 millones de euros, de una industria que todas las grandes naciones de mundo anhelan instalar. Tampoco quisimos la Biorrefinería Multifuncional que Vicente Merino Febrero quiso ubicar en Barcial del Barco.
Zamora solo puede -quizá sus caciques políticos y empresariales lo quieran- ser una gran residencia de la tercera edad, porque su principal materia prima la encontrará en los ancianos. Nuestros campos se transformarán en una verdadera selva, con sus lobos, sus zorros, jabalíes, ciervos y corzos para que los cazadores ricos de las grandes provincias, con poderosas industrias, empresarios multimillonarios, pasen fines de semana extraordinarios con jornadas cinegéticas, buenas viandas y naturaleza salvaje.
La Zamora del futuro, su provincia, la contemplo como el Edén de la segunda mitad del siglo XXI. Habrá también muchas culebras y manzanos, pero Adán y Eva me temo que peinarán canas y sus rostros mostrarán profundos surcos que cruzarán sus epidermis.
Y la capital, un pueblo grande, se distinguirá por ser un gran museo del Arte Románico, del modernismo y eclecticismo, con un río caudaloso, rodeado de olmos y chopos, donde carpas y barbos jugarán al escondite entre las aceñas de Pinilla, Cabañales y Olivares y, los más aventureros, en las de Gijón.
¡Ah! Se me olvidaba: al no haber gente joven, los pasos de la Semana Santa tendrían que desfilar con ruedas. No pasa nada. Zamora pasará de ser la Ciudad Amiga de la Infancia a Ciudad Íntima de la Ancianidad.
En Zamora ya nunca más pasará nada, ni tan si quiera el tiempo. Incluso sostengo que las parcas nos dejarán en paz, porque hasta la muerte se olvidará de nuestra tierra, paraíso ecológico eterno.
Eugenio-Jesús de Ávila
Convencido estoy que, de aquí a una década, nuestra provincia será la geografía más pura de España, con el cielo más azul, con la lluvia más dulce y serena, con el agua más clara, siempre que Iberdrola no la evapore, y el oxígeno más delicioso, ese que acaricia los bronquios cuando se respira. No habrá apenas industria, solo de transformación de materias primas; muy pocos agricultores y ganaderos y ya próximos a la jubilación; no nacerán niños, tampoco gente joven paseará por nuestras rúas, calles y avenidas, preparada para marcharse para siempre y volver en Navidad y Semana Santa, cual liturgia.
Los zamoranos, que ya somos mayores, conformistas y tocados por esa apatía antropológica, no queremos cambios, ni proyectos tan avanzados como el Centro de Datos, ni industrias que contaminen nuestro cielo, manchen nuestras aguas y maten nuestra flora y fauna. Pasamos de una inversión de 4.600 millones de euros, de una industria que todas las grandes naciones de mundo anhelan instalar. Tampoco quisimos la Biorrefinería Multifuncional que Vicente Merino Febrero quiso ubicar en Barcial del Barco.
Zamora solo puede -quizá sus caciques políticos y empresariales lo quieran- ser una gran residencia de la tercera edad, porque su principal materia prima la encontrará en los ancianos. Nuestros campos se transformarán en una verdadera selva, con sus lobos, sus zorros, jabalíes, ciervos y corzos para que los cazadores ricos de las grandes provincias, con poderosas industrias, empresarios multimillonarios, pasen fines de semana extraordinarios con jornadas cinegéticas, buenas viandas y naturaleza salvaje.
La Zamora del futuro, su provincia, la contemplo como el Edén de la segunda mitad del siglo XXI. Habrá también muchas culebras y manzanos, pero Adán y Eva me temo que peinarán canas y sus rostros mostrarán profundos surcos que cruzarán sus epidermis.
Y la capital, un pueblo grande, se distinguirá por ser un gran museo del Arte Románico, del modernismo y eclecticismo, con un río caudaloso, rodeado de olmos y chopos, donde carpas y barbos jugarán al escondite entre las aceñas de Pinilla, Cabañales y Olivares y, los más aventureros, en las de Gijón.
¡Ah! Se me olvidaba: al no haber gente joven, los pasos de la Semana Santa tendrían que desfilar con ruedas. No pasa nada. Zamora pasará de ser la Ciudad Amiga de la Infancia a Ciudad Íntima de la Ancianidad.
En Zamora ya nunca más pasará nada, ni tan si quiera el tiempo. Incluso sostengo que las parcas nos dejarán en paz, porque hasta la muerte se olvidará de nuestra tierra, paraíso ecológico eterno.
















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